jueves, 20 de julio de 2017

Noticias Intereconomía | 20-07-2017

David Miall - The Scientific Approach to Literature

Índice de ACCIÓN, RELATO, DISCURSO


De muerte súbita ha muerto nuestra impresora. Y después de la experiencia que tuvimos intentando arreglar la lavadora, hemos optado por cambiarla sin hacer preguntas. Estreno la nueva impresora / escaneadora (una Canon ajustada a los nuevos estándares) con este escaneo del índice de mi viejo libro, Acción, Relato, Discurso—que pronto cumplirá veinte o treinta años:


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Un día tendré que hacer una edición en red en condiciones. Ahora andan por ahí unos textos un tanto desbaratados, con las notas sin numerar y demás. Aquí hay uno.




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Camino de Belchite

Camino de Belchite

Retropost #1702 (20 de julio de 2007): Una raza malvada y cruel

Una raza malvada y cruel

Publicado en Nenes. com. José Ángel García Landa


Tenemos a los Simpsons de róulmodel por todas partes: para que no nos olvidemos de ellos, están hasta en las galletas que nos comemos para desayunar. Ivo ha coleccionado a la familia en torno al tazón de leche, y Otas está examinando los que tiene (Homer chillando, Apu, el director Skinner...), mientras yo cojo más galletas de la caja, y salta atento a la ocasión:

- "¿Me cambias alguno de los tuyos? A ver cuáles tienes."

- "Ups, es que mira, ya los he echado todos de golpe a la leche, sin mirarlos. Los mayores es que hacemos estas cosas todo el rato."

- "Sí"—dice resignado—"una raza malvada y cruel."


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miércoles, 19 de julio de 2017

Perception as Controlled Hallucination

Emerging Vectors of Narratology

Ha salido en la serie "Narratologia" de la editorial Walter de Gruyter (Berlín y Nueva York) el libro Emerging Vectors of Narratology, en el que tengo un capítulo:

Hansen, Per Krogh, John Pier, Philippe Roussin and Wolf Schmid. Emerging Vectors of Narratology. (Narratologia, 57). Berlin: De Gruyter, 2017.

Emerging Vectors of Narratology


Tengo en él un capítulo sobre narratología evolucionista, basado en mi conferencia de la Universidad Internacional de París, uno de los puntos culminantes de mi carrera profesional. O el punto culminante, ahora que he renunciado a una conferencia invitada en la UNAM, y no llevo camino de ir dando muchas conferencias más por el gran mundo. O mucho me equivoco.

El libro, muy poquito más de cien euros vale, si se animan a comprarlo.




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En la plaza ayer y hoy

En la plaza ayer y hoy

Retropost #1701 (19 de julio de 2007): Procesos, representaciones, narraciones, narratologías

Procesos, representaciones, narraciones, narratologías

Publicado en Semiótica. com. José Ángel García Landa


Especulando sobre un posible tema para mi conferencia de París... Aún no he aceptado ir, pero ya le estoy dando vueltas—será que tengo intención de ir. Mejor que tratar un asunto puntual me parece que voy a ir a las generalidades más absolutas, desarrollando una idea sobre la narración y el tiempo que apunté aquí.

Se trataría, en resumen, de ubicar la narración—y la narratología—en el seno de una teoría emergentista/evolutiva de la realidad. Bueno, no tanto de ubicarla, porque para mí que está allí ubicada es algo bastante evidente: se trataría de poner en palabras esa ubicación, hacerla más comunicable, más entendible para mí mismo, y apuntar de paso la relación de la narración y la narratología con otros fenómenos naturales y culturales, y con las disciplinas que los estudian.

Naturalmente, estoy prácticamente indocumentado para semejante labor, que requeriría por ejemplo la cabeza que escribió la Fenomenología del Espíritu, o al menos una cabeza capaz de entender a la vez ese libro y, pongamos, la Breve Historia del Tiempo de Stephen Hawking. Y de conectarlos con la narratología. En fin, afición no me falta. Al menos me he leído, y hasta estoy traduciendo, la Filosofía del presente de George Herbert Mead—que debería ser otra pieza de este puzzle, o por decirlo con Shakespeare, otra cipher of this great account. Así que baste con eso, y que perdonen al bending and 'umble author, si le falta una musa de fuego y se queda la historia a medio contar, o no le da para efectos especiales.
Está de mi parte el hecho de que el relato que hay que contar es, en cierto modo, bien sabido. Es la historia de la narración como parte de la historia de la comunicación y del lenguaje, como parte de la historia humana por tanto, como parte (así pues) de la historia de la evolución, y en especial de la evolución de las representaciones temporales. Pero para que haya representaciones temporales ha de haber primero seres capaces de elaborar esas representaciones, y, to cut a long story short, primero ha de haber experiencia del tiempo, y antes de eso, ha de haber procesos complejos (como la vida) y antes de esos procesos ha de haber procesos simples, o sea, tiempo que transcurra. Esperemos que también haya tiempo para comprimir todo este tiempo en una hora. De momento ya me ha cabido en un párrafo.
Por resumir aún más: Hay que ver a la narración como una forma compleja y emergente de la experiencia temporal—y a la narratología como fenómeno emergente en interacción compleja y dialéctica con la narración lingüística y con otras formas narrativas de la experiencia. Aquí puedo utilizar ciertas ideas que apunté en mi nota sobre emergent narrativity.

Y otras cosas que irán emergiendo.

Un punto central para organizar todo el razonamiento y que no se escape de las manos (en la medida de lo posible) puede ser precisamente, y cómo no, uno de mis hobby-horses, la retrospección. Se defina como se defina la narración, de modo más o menos inclusivo, sigue resultando que las formas narrativas más centrales, naturales, arquetípicas, básicas, etc., son retrospectivas. Recuerdo aquí una de las definiciones de narración que utilizo en mis clases de comentario de texto: narración es la representación secuencial, y retrospectiva, de una serie de acontecimientos interpretada y evaluada—lo cual incluye a la típica película cinematográfica, al teatro, a la novela, la historia, la anécdota conversacional, el reportaje... Aunque luego haya formas marginales, o derivadas, no retrospectivas, o que carezcan en mayor o menor medida de acontecimientos, o de interpretación, o de evaluación.

La retrospección, o quizá mejor la retrospectividad, es interesante como punto de referencia precisamente por lo que supone de retorno a una secuencia de acción ya transcurrida. Es decir, por lo que tiene de representación en el sentido más literal del término, volver a presentar lo que ya ha transcurrido. Podríamos decir que un esquema secuencial orientado al futuro, como un plan, por ejemplo, también es una "representación" en sentido amplio, claro—aunque su referente no se haya "presentado" todavía—pero parece que una secuencia de signos retrospectiva es un modo de representación más central, un retorno semiótico a una secuencia de acción ya transcurrida.

No todo retorno a lo ya transcurrido es una narración, claro. Falta el elemento de comunicación—una narración es algo comunicado, un texto o sistema de signos o señales que permite una disociación de la experiencia. Y la narración es tanto más elaborada cuanto más produce esa disociación de la experiencia o "realidad virtual"—aunque no quiero decir con ello que los videojuegos sean la forma más elaborada del arte ahora.

Otros dos puntos a tener en cuenta:

a) las modalidades de motivación realista (he mencionado la focalización), que estructuran una representación por referencia a procesos representacionales más básicos, como la percepción - o justifican una narración "artificial", artística o compleja, edificándola sobre la motivación de una narración natural (la novela epistolar, etc.).

b) la idea de Goffman según la cual el uso del lenguaje descansa sobre un iceberg sumergido de acción presupuesta, esquemas de comunicación social establecidos, y no verbales, sino procedimentales. Es otra dirección en la cual buscar un asentamiento del discurso narrativo en procesos de organización de acciones que le preceden.

Lo que hay que tener presente es que esta diferencia entre la secuencia inicial de procesos perceptibles y su representación, o entre la secuencia de acontecimientos y la comunicación de esa representación en un texto, no es una diferencia tajante. La percepción es de por sí un fenómeno semiótico, una representación, y por eso la narratología recurre constantemente para su organización a la reelaboración de procesos perceptivos (por ejemplo, en la focalización). La memoria es ya una reelaboración semiótica de segundo orden, y que supone una activación de señales en zonas cerebrales diferenciadas de las de la percepción inmediata. (Podríamos decir que la memoria es más narrativa que la percepción—de momento, ya es retrospectiva). También es una diferencia gradual, por tanto, la que existe entre la comunicación y la experiencia interna. La memorización ya es una cierta auto-comunicación, y la noción pragmático-interaccionalista de auto-interacción, es decir, de señales que el organismo se dirige a sí mismo es crucial para establecer puentes graduales entre procesos externos, percepciones, representaciones memorísticas, reelaboración mental de modelos de acción, y narraciones verbalizadas (o representadas con otras tecnologías).

Es ésta una escala ascendente y descendente, o una vía de doble dirección, porque el principio de retroalimentación cibernética se aplica en cada uno de los escalones: las modalidades lingüísticas de narración, o las cinematográficas, influyen en la manera en que elaboramos representaciones mentales de las acciones. Y las representaciones mentales, memorísticas, o en general las señales internas que sirven para el procesamiento de procesos se retroalimentan sobre la percepción.

Y, de modo más general, como decía Wilde, traemos a la vida a la Naturaleza mediante nuestras percepciones. Así que esta Great Chain of Narrativity está bien trabada de principio a fin, desde el origen del Universo en el Big Bang hasta la teoría narrativa que nos hace concebir, o analizar, estos procesos.


   





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Retropost #1700 (19 de julio de 2007): En prensa

En prensa

Publicado en Personales. com. José Ángel García Landa

Ya está en la editorial (Walter de Gruyter, Berlín) el libro que coedito con John Pier, Theorizing Narrativity.  Ha pasado por fin ya todos los controles internos y externos, y los informes detrás de los informes, y las revisiones y re-revisiones... uf. Esto de la publicación académica de alto standing (son libros carísimos, estos de la serie Narratologia) lleva su tiempo—tanto tanto, que cada vez le dedico menos, pues me fluyen mejor las ideas con menos peer reviewing y menos relecturas con lupa. Aunque tiene su mérito la cosa, no diré yo que no. Y apenas salido de una, ya me voy embarcando en otra—como espera el Ministerio, claro, que me dará tramos de investigación si hago cinco trabajos de "calidad" en seis años. Creo que me dará tiempo de hacer otros sin calidad además.



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PS, 2017: diez años después, noticias parecidas: aparece por fin Emerging Vectors in Narratology, coeditado por John Pier y otros, otro libro de la serie "Narratologia" en el que tengo un capítulo. 


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Retropost #1699 (19 de julio de 2007): A Special Fondness for Beetles

A Special Fondness for Beetles

Publicado en Nenes. com. José Ángel García Landa


Jairo: Hola, Ivo y Oscar. Menos mal que habéis venido. Vuestra puerta está llena de escarabajos.

Alvaro: Sí, este año hay una plaga de escarabajos de la patata. Hay montones.

Oscar: Pero los vamos a echar. Siempre los echamos.

Jairo: Pero vuelven. Aunque los mates, vuelven. Parece que resuciten.

Ivo: No son los mismos, son otros, pero es que son completamente iguales.

Jairo: Yo creo que resucitan.

Alvaro: No, no resucitan. Los escarabajos no resucitan.

Oscar: Claro, porque los únicos que resucitamos somos nosotros.

Beatriz: ¡Lo que es la fe!


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martes, 18 de julio de 2017

En la c/ Alfonso

En la c/ Alfonso

Une vie, une œuvre : Walt Whitman (1819-1892)

¿Cómo parar a Puigdemont?

Retropost #1698 (18 de julio de 2007): Valla cara más dura

Valla cara más dura

Publicado en Política. com. José Ángel García Landa


Escucho atónito a Zapatero, durante su visita a Méjico, sacar su vena zapatista, y emprenderla con el muro que construye Estados Unidos en la frontera. Con la voz del adalid de los pobres y oprimidos, Zapatero suelta un lírico discurso sobre cómo ningún muro puede contener las aspiraciones de libertad y de vida mejor de los pueblos, sobre cómo no se pueden poner muros a los sueños y a los deseos de justicia... etc.

Muy bien, aplaudamos (y van y le aplauden). Pero el caso es que si hay una valla en Estados Unidos en un punto caliente, o de súbitos cambios de presión, entre el Norte y el Sur, resulta que hay otra en España, en Ceuta y en Melilla. Que se ha reforzado, por cierto, bajo el mandato de Zapatero, con costosos refuerzos para que resista mejor, después de los espectaculares asaltos a saltos que hubo por parte de grupos numerosos de subsaharianos negros que no encontraban otra manera más fácil de entrar en España.

Podría pensarse que lo del discurso de Zapatero es mantener la llama del idealismo en circunstancias difíciles—o al menos un esfuerzo por no perder de vista lo mejor (meliora video proboque, deteriora sequor): Zapatero difunde los ideales y la justicia con voz clara, aunque las circunstancias locales, la Administración, la inercia, etc., le obliguen en casa a actuar de modo diferente...

Pero creo que hay una interpretación más plausible: a saber, que el Presidente tiene una caradura impresionante, una hipocresía que no conoce límites, una voluntad abierta de hacer la pelota donde se le va a apreciar. Es de notar que en sus viajes a Marruecos se priva, sin embargo, de hablar en estos términos de la valla española. Igual es que  su idealismo se aplica sólo a los muros, y no a las vallas.

Y una cosa aún más alarmante se trasluce del discurso de Zapatero. Cree, sin duda, que esta demagogia de baratillo que hace con la mano izquierda, y a la que contradicen claramente las instrucciones de su mano derecha, va a colar, y va a vender, y le va a hacer ganar puntos. En México republicano, y sobre todo en España. Porque se dirige a un público electoral compuesto mayormente de zopencos, o de simplistas incondicionales, o de hipócritas de su mismo calibre. Pero lo más tremendo de todo es... —que muy posiblemente no se equivoca.




Wolf Schmid - Mentale Ereignisse


Schmid, Wolf. Mentale Ereignisse: Bewusstseinsveränderungen in Europäischen Erzählwerken vom Mittelalter bis zur Moderne. (Narratologia, 58). Berlin: De Gruyter, 2017.* (I. Bewusstsein und Ereignis. II. Bewusstseinsveränderung in Epen des deutschen Mittelalters. III. Mentale Ereignisse in der englischen Literatur des 18. und 19. Jahrhunderts. IV. Nicht erzählte und nicht eintretende Ereignisse in der Literatur des 19. Jahrhunderts. V. Ereignisoptimismus im russischen Realismus. VI. Ereignisskepsis im russischen Postrealismus. VII. Zusammenfassung und Auswertung).
2017

Schmid, Wolf. "1. Einleitung." In Schmid, Mentale Ereignisse. Berlin: De Gruyter, 2017.*
Schmid, Wolf. "2. Bewusstseinsdarstellung." In Schmid, Mentale Ereignisse. Berlin: De Gruyter, 2017. 11-62.*
Schmid, Wolf. "3. Mentale Zustandsveränderungen und Ereignisse." In Schmid, Mentale Ereignisse. Berlin: De Gruyter, 2017. 63-88.*
Schmid, Wolf. "4. Wolframs Parzival: Die Überwindung der hôchvart."" In Schmid, Mentale Ereignisse. Berlin: De Gruyter, 2017. 91-106.*
Schmid, Wolf. "5. Goffrieds Tristan: Grenzüberschreitungen und Aporien." In Schmid, Mentale Ereignisse. Berlin: De Gruyter, 2017. 107-30.*
Schmid, Wolf. "6. Die Wendungen des Gefühls in Samuel Richardsons Briefromanen." In Schmid, Mentale Ereignisse. Berlin: De Gruyter, 2017. 133-52.*
Schmid, Wolf. "7. Erkennen in Jane Austens Romanen." In Schmid, Mentale Ereignisse. Berlin: De Gruyter, 2017. 153-88.*
Schmid, Wolf. "8. Psychologia in absentia: Aleksandr Puskins Belkin-Erzählungen." In Schmid, Mentale Ereignisse. Berlin: De Gruyter, 2017. 191-212.*
Schmid, Wolf. "9. Das nicht eintretende Ereignis in Otto Ludwigs Zwischen Himmel und Erde." In Schmid, Mentale Ereignisse. Berlin: De Gruyter, 2017. 213-32.*
Schmid, Wolf. "10. Die nicht ereignisfähige Welt in Jan Nerudas Kleinseitner Geschichten." In Schmid, Mentale Ereignisse. Berlin: De Gruyter, 2017. 233-48.*
Schmid, Wolf. "11. Fëdor Dostoevskij." In Schmid, Mentale Ereignisse. Berlin: De Gruyter, 2017. 249-300.*
Schmid, Wolf. "12. Lev Tolstoj." In Schmid, Mentale Ereignisse. Berlin: De Gruyter, 2017. 301-40.*
Schmid, Wolf. "13. Anton Cechov." In Schmid, Mentale Ereignisse. Berlin: De Gruyter, 2017. 341-90.*
Schmid, Wolf. "14. Parzival: Asymmetrische Enwicklung in Sprüngen." In Schmid, Mentale Ereignisse. Berlin: De Gruyter, 2017.*
Schmid, Wolf. "15. Tristan: Widersprüche des Hezens in dialogisierten inneren Monologen." In Schmid, Mentale Ereignisse. Berlin: De Gruyter, 2017. 393.*
Schmid, Wolf. "16. Samuel Richardson: Der Beginn der Bewusstseinskunst." In Schmid, Mentale Ereignisse. Berlin: De Gruyter, 2017. 394-95.*
Schmid, Wolf. "17. Jane Austen: Erkenntnisprozesse in erlebter Rede." In Schmid, Mentale Ereignisse. Berlin: De Gruyter, 2017. 396-98.*
Schmid, Wolf. "18. Aleksandr Puskin: Vielstimmige Charaktere." In Schmid, Mentale Ereignisse. Berlin: De Gruyter, 2017. 399.*
Schmid, Wolf. "19. Otto Ludwig: Das nicht eintretende Ereignis im Gemenge von Stimmen und Sinnpositionen." In Schmid, Mentale Ereignisse. Berlin: De Gruyter, 2017. 400.*
Schmid, Wolf. "20. Jan Neruda: Der Reigen der nicht gelingenden Ereignisse." In Schmid, Mentale Ereignisse. Berlin: De Gruyter, 2017. 401.*
Schmid, Wolf. "21. Fëdor Dostoevskij: Dialogizität im Pro und Contra." In Schmid, Mentale Ereignisse. Berlin: De Gruyter, 2017. 402-4.*
Schmid, Wolf. "22. Lev Tolstoj: Die Dialektik der Seele in der Suche nach dem Sinn." In Schmid, Mentale Ereignisse. Berlin: De Gruyter, 2017. 405-7.*
Schmid, Wolf. "23. Anton Cechov: Die Ereignisskepsis des Postrealisten." In Schmid, Mentale Ereignisse. Berlin: De Gruyter, 2017. 408-14.*

La deriva catalana - El Gato al Agua | 17-07-2017

lunes, 17 de julio de 2017

Se prepara la confrontación armada en Cataluña










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Seis Mujeres Sin Piedad | Santiago Abascal

Being Congratulated 6

Being Congratulated 6

Once again, I've got an excellent ranking in a number of disciplines within ResearchGate. Week after week, I'm being congratulated for my achievements (or those of my readers, perhaps) in a number of fields, usually Aesthetics, Philology, Linguistics, Literature, and Philosophy. And I'm also the most read author at my department. (Got to check, now that comes to mind, whether there are any other members from my department with a ResearchGate account).

I wonder, I wonder, whether these robotic congratulations are reliable, or whether there is a number of people, large or small, receiving similar congratulations for their achievements in these fields in the humanities.





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Richard Dawkins vs John Lennox | The God Delusion Debate

Álbum de fotos de 2017


Acabo de inaugurar mi álbum de fotos de 2017—de momento con una selección de fotos de la primera mitad del año. Incluyendo algunas refotos—gran parte de la realidad fotografiable que nos rodea se compone de otras imágenes, así que el género refoto se basa en (sencillamente) definir la realidad como la realidad, y no como la realidad menos sus imágenes.


Refoto de Flickr


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DEBATE: Atheist vs Christian (Richard Dawkins vs Cardinal George Pell)




Observen el minuto 47.47. Ironías de la vida sobre la cuestión del maltrato infantil.

Retropost #1698 (17 de julio de 2017): Actualizando

Actualizando

Publicado en Personales. com. José Ángel García Landa


Bueno, estos días de vacaciones irá el blog un poco loco. Voy escribiendo, pero cuelgo las actualizaciones cuando buenamente se puede, cuando funciona Blogia, o mi wifi, o hay un ciber abierto. De todas formas mi público no es que ande pidiendo más, precisamente, así que ya os vale con lo que va cayendo—o nada, o cinco cosas juntas a la vez. Como en la vida misma, vamos.

 Vaya, entre mucho correo basura (casi el 100% por estas fechas) me llega una invitación... ¡para dar una conferencia en París, con todos los gastos pagados!

Bueno, esto sí que hay que consultarlo con la almohada. El conferencing no es lo mío, pero esto merece una consideración. Sobre todo, considerar si tengo algo que valga la pena ir a decir a París.




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domingo, 16 de julio de 2017

¿Cae la natalidad porque vivimos vidas más largas? El problema demográfico

El impacto humano en el medio ambiente, por Luis Oro

Evening guitar

Evening guitar

Richard Dawkins and Julia Sweeney in Indy Nov 9, 2016

Retropost #1697 (16 de julio de 2007): The Stone Diaries

The Stone Diaries

Publicado en Literatura y crítica. com. José Ángel García Landa



Es ésta una novela de Carol Shields que me he leído con vistas a informar un artículo, bastante bueno por cierto, que se publicará (supongo) en el Journal of English Studies. La verdad es que ese artículo expresaba muy bien lo que es el planteamiento de la experiencia y la identidad humana según esta novela, al margen quizá de su énfasis principal, que buscaba en esta novela una experiencia temporal propia del cuento (modernista), de modo no muy convincente. Así que supongo que lo que sigue en parte asimila ideas del artículo (y de la novela, claro), y en parte las lleva a mi línea de intereses.

The Stone Diaries es la narración de una vida, la de Daisy Goodwill, hija modosa y luego ama de casa, en Canadá y el norte de EE.UU.—con un viaje de bodas de pesadilla en Francia (muere el novio al caerse por una ventana), un segundo matrimonio con su "tío" adoptivo años después, y una jubilación en Florida, y un viaje a las islas Orcadas, siguiendo la pista a su (segundo) suegro, centenario, años después de la muerte de su marido.

La novela no está escrita a modo de diario ficticio, contra lo que su título podría indicar. El relato oscila impredeciblemente entre la primera y la tercera persona, por razones que quizá escudriñemos. De diario poco tiene, menos la vida cotidiana. Hay una sección en la que se convierte en novela epistolar (y otra en álbum de fotos), pero el resto es narrado retrospectivamente, mayormente en tercera persona, y supuestamente por su protagonista. Y sigue el despiadado orden cronológico que indican sus capítulos: 1. Birth, 1905; 2. Childhood, 1916; 3. Marriage, 1927; 4. Love, 1936; 5. Motherhood, 1947; 6. Work, 1955-1964; 7. Sorrow, 1965; 8. Ease, 1977; 9. Illness and decline, 1985; 10. Death.  Una perfecta y convencional life narrative, de las que hablábamos hace unos días.

Las vidas en tanto que narraciones pueden ser narradas ya por el interesado, ya por otra persona. Es una diferencia significativa, no sólo por la diferencia de punto de vista, sino por el "pequeño detalle" de que la life narrative en primera persona siempre está in fieri: aunque algún narrador muerto haya, como el amigo Manso de Galdós, lo normal es que una narración autobiográfica carezca de final tan definido y una clausura tan evaluable como la que se puede proporcionar sobre un tercero—sobre todo evaluable ese tercero ahora que el interfecto está callado, y el narrador en tercera persona tiene la última palabra.

Esa diferencia parece que sea la que mina esta novela: soi-même comme un autre, hablando de sí en tercera persona, como si de Julio César se tratase, para mostrar que hasta el narrador morirá, y que su muerte vista de fuera es como la de los demás: el mundo sigue, y apenas dedicamos unos minutos a la muerte de los demás. Daisy Goodwill tiene problemas para reconocerse a sí misma en sí misma, quizá educada por la experiencia de la vida, quizá transformada por la experiencia de una profunda depresión (sorrow) de la que sale un poquito sin reconocerse en lo que había venido siendo, y sin embargo continuando con ello, a falta de otro personaje que asumir.

Sí, hay otro personaje: el del narrador. El narrador es, en los mundos narrados, un ente un tanto numinoso, que habla desde el cielo, ve a todos los personajes sin que lo vean; aun cuando no sea "omnisciente", gracias a su hindsight tiene insight, sabe de lo que van los personajes mejor que ellos mismos—la barba blanca le falta, vamos. El narrador está y no está. Su mera existencia produce un desdoblamiento del personaje, en yo narrado y yo narrador, y el yo narrado sigue siendo un pobre sujeto de a pie, con su visión limitada. De ahí a que el narrador se separe olímpicamente del yo narrado, degradándolo a personaje vulgaris, y nombrándolo en tercera persona. Sobre todo si la distancia entre los dos es tan grande como la de una anciana narrando su niñez. ¿Qué tenemos que ver con esos niños que fuimos? Todo, o nada, según se mire. Primera, o tercera persona—con la misma justificación.

El narrador, en tanto que autonarrador, es por otra parte un sujeto atípico, o una función atípica del sujeto. Todos narramos, sí, pero—¿una narración a fondo, de toda la vida, una narración exhaustiva, que le busque sentido, que la contemple desde fuera, para no se sabe quién? Eso es atípico. Los escritores, en tanto que escritores, asumen otra personalidad. Su vida cotidiana continúa como si tal—el escritor, con su autointeracción, queda al margen de las reuniones y conversaciones, trabajando en silencio. Henry James tiene un cuento donde literaliza este desdoblamiento de la personalidad. Quizá un exceso de reflexión nos saque siempre de nosotros mismos, y nos haga irreconocibles, o nos muestre a nosotros mismos como personajes atrapados en la comedia social, máscaras que no expresan totalmente lo que somos, o lo que podríamos ser, o lo que creemos ser. El narrador está out of character: no es de este  mundo de la interacción social: pertenece al mundo de la interacción literaria, que es un mundo de reflexión solitaria. La escritura puede transformarnos, tanto dependemos de las representaciones—como dice la hija de Daisy, Alice:


The self is not a thing carved on entablature. Not long ago I read—probably in the Sunday papers—about an American woman who got up one morning and started practising a new kind of handwriting (...) and by noon she had become someone else. (231).

Así pues, si Daisy Goodwill escribe su autobiografía, su acto de escritura aparece totalmente disociado de su vida—aunque el texto es prominente para el lector, su génesis no aparece entre los eventos narrados de la vida de Daisy el personaje—el personaje social, digo, en quien se reconoce sólo a medias. No es este el relato que debería venir de esta abuelita, "an edited hybrid version" (283). Y quizá no viene, quién sabe de dónde viene éste relato. La narración como un modo de trascenderse, o, si no es contradictorio, de aceptar lo que se es, o lo que se ha sido, por el procedimiento de contemplarlo desde fuera. Incluyendo la propia muerte de Daisy—que no sabemos si es real, o ficticia, o un poco de todo, como la realidad, que también tiene mucho de ficción, o como la ficción, que tiene mucho de realidad. Poco espera Daisy de la vida, y de la muerte, al final: contempla ambas con un ojo satírico, afectuosamente distante—ha decidido no invertir mucho más en ese personje que es, la abuelita de pantalones de colores brillantes que vivía en Florida, con hijas que no la entienden bien—y menos que entenderían esta narrative diary-er en la que se va convirtiendo, perdiendo la fe, alejándose de su personaje—casi ni se molesta en volver de tanto en tanto a la primera persona narrativa.

Tampoco es que esta nueva perspectiva sobre sí misma la vaya a encontrar Daisy más convincente que la simple vie quotidienne de ama de casa. La novela reflexiona sobre los engaños de la representación, de la visión de uno desde el otro (o desde sí), los trucos y falsificaciones de la narrativización y la historia. La autenticidad que tenga esta autorrepresentación vendrá precisamente de esta distancia reflexiva. "Other accounts are required, other perspectives" (37).

Lo de "stone" alude al nombre de soltera de la madre de Daisy, Mercy Stone, mujer gorda que se casa con el delgadito y taciturno picapedrero Cuyler Goodwill, no sabe muy bien por qué, aunque a él le encanta esta abundancia de carne y le hace descubrir otras personas dentro de sí: el enamorado, el artista...  Cuyler, como luego Daisy, también pasa por fases que hacen de él una serie de personas irreconocibles: de picapedrero sin educación a magnate de la construcción y orador florido—también pasa por una serie de etapas de austeridad casta y de sexo bacanal, primero con Mercy y muchos años después con su segunda esposa, una italiana que se trae de Europa. Para su primera esposa hace Cuyler una monumental torre de piedra tallada a modo de mausoleo—bonito, visitado (y destruido por los visitantes años después), pero realmente poco tiene que ver este monumento pétreo con la carnosa Mercy, que de Stone sólo tenía el nombre. Tampoco correrá mejor suerte una pirámide a escala que hace Cuyler tras su jubilación: allí en el fondo de la cámara central está el anillo de Mercy que iba a ser para Daisy, pero.. todo se pierde, y la pirámide queda inacabada, es lo último que ve Cuyler cuando muere de un síncope que le da en su jardín. Los monumentos aere perennius y la vida no tienen nada que ver, e incluso los textos más fluidos tienen este caracter pétreo que falsifica la experiencia de la vida—algo sin forma estable, y sobre todo algo que pasa y no queda. "The recounting of a life is a cheat, of course; I admit the truth of this; even our own stories are absurdly distorted" (28). Anótese pues el simbolismo de la piedra como un simbolismo ambivalente: aspiramos a la condición de piedra, a esculpir nuestro carácter, o a producir un trayecto vital ejemplar, claro, bien definido y narrable, pero la realidad va por otro lado.

Otro personaje que hace eco a la experiencia vital de Daisy: su "tía" adoptiva Clarentine Flett, madre de su segundo esposo. También ella cambia de vida, saca de sí posibilidades no previstas, abandona a su marido—y todo para que la pille un ciclista y se mate contra un bordillo. Claro que el ciclista le dedicará una institución en su nombre, pero para lo que sirven todos estos monumentos y pirámides, ya lo hemos visto. Hasta el viejo y antipático escocés que era su marido, el abandonado Mr Flett, sufre extrañas transformaciones. Vuelve a las islas de su infancia, y se convierte en el centenario que se sabía de memoria Jane Eyre... si es que la vida es un caos, todas. También la del viejo vendedor ambulante judío que pasaba por allí y ayudó a nacer a Daisy. También él cambia a algo inesperado, "We do irrational things, outrageous things" (72).

Decíamos al hablar de las vidas narradas que hay mojones importantes, que estructuran las vidas: momentos clave, decisiones, matrimonios, rupturas, elecciones... pero éstos parecen extrañamente erráticos en The Stone Diaries: por ejemplo los de Cuyler, "His brief marriage, his conversion—these seem no more than curious intersections in a life that is stretching itself forward" (73). A su segunda esposa, la italiana, le pasa lo mismo: desaparece y se transforma en algo impredecible. Y tanto más sucede con las etapas de la vida de Daisy, a la vez corrientes e incomprensibles, como los de cualquier vida si bien se mira: "Her autobiography, if such a thing were imaginable, would be, if such a thing were ever to be written, an assemblage of dark voids and unbridgable gaps" (75-76).

Aun los no escritores en cierto modo viven su vida como una narración, "written on air, written with imagination's invisible ink" (149). Y mientras está escrito en el aire, aún es fluido y cambiante. Pero las historias también nos pueden atrapar, en la forma del personaje que acabamos siendo para los demás. Que nunca es plenamente el real.

Daisy tiene "una historia" obvia cuando muere su primer marido de modo tan rocambolesco en un pueblo de Francia, y eso la marca, pero también queda atrás: "she's becoming more and more detached from her story's ripples and echoes and variations" (124). Luego... la historia de un amor, va como predestinada a reencontrarse con su "tío" Barker, con quien se casará en un arrebato súbito de amor a primera (bueno, segunda) vista, tras casi veinte años sin verse. La historia es romántica, extraña, arrebatadora... pero el enamoramiento pasa, Barker es sólo un marido como los maridos. Y aunque su matrimonio dura, al final muere, y luego la vida de ella dura, y dura, y dura... Se vuelve escritora (columnista horticulturalista, vaya) y luego sufre una depresión absurda cuando la echan.  Luego no se reconoce en ese absurdo personaje periodístico que fue: "Mrs Green Thumb". Ni se ocupa más de jardines. Una abuela escéptica, más escéptica de lo que parece vista desde fuera.

De un libro de últimas frases memorables que leí hace poco (Al pie de la sepultura, de Laura Manzaneda) había una especialmente memorable: "Continuad sin mí". La actitud sarcástica y resignada de esta frase parece resumir el último capítulo, un post mortem prospectivo (o narrado desde algún limbo narrativo) en el que hay también bastante  proyección emocional de la autora. Vuelve a maravillarnos ante la cercanía de la muerte lo que maravillava a Daisy niña (76): que las cosas siguiesen sucediendo aun cuando ella no estaba presente.

Es en cierto modo esta novela un ejercicio de resistencia al hindsight bias:  las cosas no acaban tomando una forma ni conduciendo a conclusiones convincentes, ni a destinos que se veían venir. La vida es una sucesión de momentos y de focos de atención, no un argumento bien diseñado ni la proyección de una personalidad. Todos los argumentos bien trabados, la coherencia que parece asumir el pasado como algo que llevaba a un resultado, todo son producto de una ilusión perspectivística retrospectiva. El pasado era como el presente, sólo que no nos interesa el pasado como presente—nos interesa mejor usarlo como ejemplo, o coartada, y así lo falsificamos al convertirlo en pasado.

When we think of the past we tend to assume people were simpler in their function, and shaped by forces that were primary and irreducible. We take for granted that our forebears were imbued with a deeper purity of purpose than we possess nowadays, and a more singular set of mind, believing, for example, that early scientists pursued their ends with unbroken 'dedication' and that artists worked in the flame of some perpetual 'inspiration'. but none of this is true. Those who went before us were every bit as wayward and unaccountable and unsteady in their longing as people are today. The least breeze, whether it be sexual or psychological—or even a real breeze, carrying with it the refreshment of oxygen and energy—has the power to turn us from our path. (91).

Y al final... no un magno cierre de argumento, sino la vida que se apaga. Los pisos que se cierran, el traslado a  la residencia, las cosas que se dejan de usar:

all Mrs. Barker Flett's possessions accomodated now by the modest dimensions of a little steel drawer. That three-story house in Ottawa has been emptied out, and so has the commodious Florida condo. How is it possible, so much shrinkage? Alice feels her heart squeeze at the thought and gives an involuntary cry.
- 'What is it, Alice?'
- 'Nothing, mother, nothing.'  (323)

Y al final hay que cederles la palabra a los demás, que hablen de nosotros en el entierro, cuando ya somos de piedra y estamos quietecitos, potencial que siempre hemos tenido, y ya se puede por fin contar nuestra historia enterita—que digan, "nothing isn't, you know, much - Nothing's nothing - Amen". (356). Aunque la única manera de no cederles la palabra por completo es escribir lo que van a decir—y esto es lo que hace, o no hace, la protagonista, la narradora de esta historia que es como la vida de cualquiera. Escribir es una manera de seguir en uso de la palabra, o no, depende quien lea o no lea.

"I am not at peace"
                                                                    Daisy Goodwill's final (unspoken) words.



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'The New Atheism' by Richard Dawkins, AAI 2007

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sábado, 15 de julio de 2017

Juliette Greco - Live 1970

El Ginosaji separata

La Javanaise (7)

Selva del barrio

Selva del barrio

Retropost #1696 (15 de julio de 2007): Encerrados en el Universo

Encerrados en el Universo

Publicado en Nenes. com. José Ángel García Landa


15/7/07
Hoy hemos estado en la playa de Xilloi, frente a Estaca de Bares, con un tiempo que a ratos era sol y a ratos lluvia y a ratos las dos cosas, en plan pois depende, muy galego. Volviendo paramos el coche de mala manera frente a una panadería, bajamos un segundo... y Pibo nos anuncia orgulloso que nos acaba de encerrar fuera del coche, apretando los seguros para abajo y luego saliendo con un portazo: "¡Mira, papá, ahora se ha quedado cerrado y no podemos entrar!" Vaya, para una vez que suelto las llaves... Pibo nos encierra fuera. Se quedan dentro del coche los dos juegos de llaves... y las llaves de la casa, y el teléfono, y la cartera ... vamos, todo menos nosotros y los bañadores puestos, y las madalenas recién compradas. Y que hermético es un coche visto desde fuera.

Menos mal que de alguna manera habré llegado a este blog.

Y a última hora de la noche, asistimos a la narración de Pibo, que ya ha dejado de temblar, repasando su hazaña todo dicharachero otra vez: "Quién lo iba a decir, increíble, pero cierto, ¡se puede encerrar fuera! Lo podríamos contar, y pondríamos: '¡no se lo van a creer— yo, el que lo ha escrito, me encerré fuera del coche!'"


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viernes, 14 de julio de 2017

Alain de Botton: "The News: A User's Manual" | Talks at Google

The Trouble With Reality | Robert Wright & Brooke Gladstone [The Wright ...

Ivo contempla el Edificio

Ivo contempla el Edificio 2

Jonathan Safran Foer: "Here I Am: A Novel" | Talks at Google

Notas de corte UZ 2017

Notas de corte UZ 2017

Retropost #1695 (14 de julio de 2017): Deambulando por la Myst

Deambulando por la Myst

Publicado en Personales. com. José Ángel García Landa



Hemos vuelto al mismo mar de todos los veranos, y además a la misma casita del barrio alto de Viveiro, camino de la ermita de San Roque, en la que estuvimos el año pasado. Esta vez sólo para quince días; en Agosto estaremos en Zaragoza, que viene el abuelo a estar un año con nosotros, y es partidario de no moverse.

De momento por aquí lo esperable: La sensación esa de volver a terreno conocido, que ha cambiado menos de lo que debería quizá, o parece todo más pequeño esta vez. Bueno, como novedades, hay una plaga de escarabajos de la patata, y los niños no tienen al lado a su amiguito Jairo, al menos de momento, pero lo que es Viveiro, parecido. Calas neblinosas, selvas de eucaliptos, y playas despejadas. Bañarse, en cuanto ves un rayito de sol que asoma, o bien yendo a tu aire, no hacerle ni caso al tiempo, y bañarte con niebla y lluvia fina a la vez.

A photo on Flickr


Hoy hemos explorado un lugar que no conocíamos: el antiguo cargadero de mineral, ahora mitad instalaciones abandonadas, mitad parque de diseño posmoderno. Para Álvaro, que lleva su obsesión de Myst en la cabeza, era un decorado extraído directamente del videojuego—así que nos desplazábamos por los rincones como quien va orientando el paisaje con el ratón y los comandos del ordenador. Y luego nos hemos ido por el monte, metiéndonos por caminos medio borrados entre huces, eucaliptos, helechos, humedales y fiunchos, a ver dónde terminaban los caminos estos (y terminaban en un precipicio a pico sobre el mar, con vistas extraordinarias, eso sí). Para un día encapotado no ha estado mal. También hemos estado oyendo, con cuatro gatos más, a una banda local cantando unos boleros muy arrastraos. Lo hemos completado viendo Dirty Dancing Dos en la tele.

Y a medianoche pasada, ya tenemos a todos en la cama: Oscar me cuenta que ha tenido un sueño "con un exceso de sexo", cito; soñaba que ya era mayor, él y su amigo javier, y que la mujer de Javier salía desnuda paseándose en lo que llamaban "el desfile de las pieles", y todos desnudos a darse besos y abrazos. Aunque ha admitido que la continuación se la ha inventado luego él una vez despierto. Si es lo que hay que hacer, hombre.





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jueves, 13 de julio de 2017

Fandanguillo de la Bea

Fandanguillo de la Bea

Se estrecha el cerco sobre los sediciosos catalanes

Editorial Luis Herrero: La Guardia Civil pide documentos en el Teatro Nacional de Cataluña

La pensée avant Socrate (4/4) : Empédocle

Retropost #1694 (13 de julio de 2007): Comentario de la sentencia

Comentario de la sentencia

Publicado en Cátedra. com. José Ángel García Landa


13/7/07

Comentario de la sentencia

Bien, ahora que ya ha pasado el juicio de la cátedra, que tenemos sentencia desestimatoria, que hemos decidido recurrirla, y que estamos con tiempo en nuestra casita de verano junto a la ría, vamos a comentar la susodicha sentencia. Para aclarar por qué es injusta, y recurrible. Antecedentes, aquí.

La sentencia la firma "El/La Sr/a. D/ña. JAVIER ALBAR GARCIA", magistrado-juez del Tribunal Contencioso/Administrativo nº 2 de Zaragoza. Se viene a llamar el caso "José Ángel García Landa contra Universidad de Zaragoza sobre Cobertura 1 plaza Catedráticos Universidad". Tiene la sentencia dos partes principales, una de cuestiones de procedimiento relativas a este recurso (a) y otra de fondo—en realidad también sobre la forma no del recurso sino de la prueba recurrida (b).

(a). Con la cuestión de procedimiento estoy de acuerdo, porque me da la razón—ojo, no porque sí, sino porque me da la razón y sus argumentos son coherentes. Viene a decir (en contra del criterio sostenido por el abogado representante de la Universidad) que sí procede entrar a valorar el recurso, a pesar del tiempo transcurrido. Recuérdese que la Universidad no contestó a uno solo de mis recursos dirigidos al Rector—eso sobre el papel. Ni se molestó en comunicarme que se daba la decisión de la comisión evaluadora por buena (a pesar de esos recursos) y que podía interponer recurso contencioso-administrativo. Silencio total y absoluto, cosa que obviamente es un incumplimiento de sus obligaciones. Y denota, para mí, una clara voluntad de no entrar a juzgar el asunto, por el procedimiento de correr un tupido velo y hacerse el longuis. Sobre todo habida cuenta de que el Rector (Pétriz) prometió contestar debidamente todas las cuestiones planteadas, y luego simplemente esperó a que pasase el plazo previsto para recursos, con lo cual el asunto quedaba enterrado y ya no tenía que dar explicaciones. Creía.  Claro que no es todo esto lo que dice la sentencia: las palabras del Rector no existen a efectos administrativos. Lo que dice la sentencia es que la Universidad incumplió su deber de informar, y que por tanto cabe interponer recurso contra la resolución, pues nunca se ha cerrado el plazo. Lo cual era uno de mis argumentos. No es que se haya reabierto la cuestión, sino que como dice la sentencia, cito,

"el recurso de alzada interpuesto el 14-11-2005 (...) no puede hacer renacer la posibilidad de recurrir, es decir, no puede reabrir el procedimiento, pero ello es cuando el mismo se ha cerrado, no cuando sigue abierto, como es el caso, al haberse interpuesto un recurso en su momento, siendo de recordar que la confusión creada se debe esencialmente a la falta de adecuada notificación por parte de la Universidad".

Eso para quienes crean que soy yo el que anda liando los papeles. La Universidad, a incumplir todas sus obligaciones y encima a esperar que el silencio lo arregle todo. Pues mira, no. Y a mí me han perjudicado gravemente quienes han decidido incumplir así sus obligaciones, haciéndome perder mi tiempo, y el de otros, de manera miserable. Pero de esto no queda ni huella, ni se piden responsabilidades, qué va, todos con corbata al trabajo como funcionarios modelo, que al administrado este tan protestón ya lo torearemos bien. Qué cara más dura. Y así se asciende.

En suma, que se puede recurrir, a pesar del silencio de la Universidad (menos mal, faltaría más) porque

"la Ley no obliga al ciudadano a recurrir un acto presunto y [sí] a la Administración a resolver, de forma expresa, el recurso presentado. (...)  —no puede (...) calificarse de razonable una interpretación que prime la inactividad de la Administración, situándola en mejor situación que si hubiera cumplido su deber de resolver y hubiera efectuado una notificación con todos los requisitos legales".

Ahora bien, una matización. Si la Universidad no ha contestado, no ha sido por vagancia. Sino más bien por no colocarse en un compromiso y verse obligada o a desautorizar o a defender—una defensa difícil—a una comisión de una serie de catedráticos nombrados por el Rector. Lo cual para mí ya es un abuso de poder, un incumplimiento de la normativa, y un barrer para casa, ni se sabe para qué casa, auténticamente escandaloso. Claro que de esto tampoco sabe nada la sentencia. Pero en fin, me da la razón en lo importante en este aspecto: que la Universidad ha incumplido sus deberes al no resolver ni responder.

Y cuando creían los responsables de esto que el asunto estaba muerto de muerte natural, mira, resulta que tienen que salir a dar la cara en público por la actuación de esta comisión (menuda joya de la corona), y defender este expediente no metiéndolo en un cajón, sino ante un tribunal y de la mejor manera que puedan. Lo primero, intentando una vez más que no se hable más del asunto y se inadmita el recurso, aunque por ahí les ha vuelto a fallar la cosa. Vaya papelón.

Pero encima, ¡es que al final salen todos bien librados! Con lo cual, algunos van a interpretar que en efecto ancha es Castilla.


(b) Cuestiones de fondo/forma. Aquí duele, pues el tribunal entra explícitamente a valorar las cuestiones de fondo por las que recurro, y las desestima. Veamos su razonamiento.

Hay que recordar antes que, aunque al expediente judicial van todos los papeles relacionados con el asunto, los jueces se centran en las cuestiones planteadas en "primera línea", como quien dice, en el recurso interpuesto dirigido a ellos. Y eso es, dados los procedimientos y maneras judiciales, una selección de lo realmente sucedido—una selección de lo que puede entrar a valorar un juez. Por ejemplo, en este caso, la Comisión compuesta por los Dres. Susana Onega, Francisco Garrudo, Constante González Groba, Montserrat Martínez Vázquez (e, in absentia, Bernd Dietz) cometió diversos atropellos contra la Filología; pero ahí son soberanos por ley al entender de la justicia, y los mayores despropósitos en cuestiones filológicas que cometa una comisión y que sean alegados por un recurrente serán desestimados por un juez como argumentos no válidos, pues la Comisión tiene discrecionalidad técnica—que en el caso de una comisión decidida a utilizarla, es discrecionalidad para reinventar el conocimiento humano y la estructura del saber, si hace falta suspender a alguien urgentemente, pongamos por caso.

Así que estos argumentos de fondo, los más serios quizá para un filólogo, han de pasar a tercera fila, o desaparecer, en un procedimiento judicial. Tampoco aquí entraré mucho en ellos, por tanto, y me centraré en las cuestiones formales que son las que sí puede entrar a valorar un contencioso administrativo (de ahí lo de fondo/forma). Tales son: la composición indebida del tribunal, la inadecuación del perfil, la exigencia incoherente de proyecto investigador, la sobrevaloración antijurídica de la docencia sobre la investigación, y el amaño de las votaciones.

Composición indebida del tribunal.

Recordemos que inmediatamente tras la constitución de la comisión evaluadora, el Dr. Dietz presentó renuncia por escrito, alegando la muerte de un tío suyo (motivo no contemplado como causa de excusa)—renuncia que fue aceptada por la presidenta del tribunal, dándole de baja. El Dr. Diez no estuvo presente en ningún ejercicio de las pruebas, que no se retrasaron en ningún momento. No se solicitó el nombramiento de ningún suplente, aun sabiendo antes de empezar las pruebas que éstas iban a tener lugar con una comisión de cuatro miembros.

Bien, pues la sentencia reconoce que la ausencia del Dr. Dietz no se debió a una causa justificada. Pero concluye sin embargo, concurriendo con la Comisión, que "estaba la Comisión válidamente constituida", pues argumenta que la renuncia del Dr. Dietz, precisamente por ser contraria a derecho, no puede considerarse una renuncia, sino sólo una ausencia. Anecdótica, vamos.

Esto sí que es ley del embudo. Atentos. El hecho mismo de que se produzca un acto antijurídico se utiliza como justificación suficiente para respaldar otro—y las víctimas administrativas, que canten misa. Porque el realizar una oposición enteramente con cuatro miembros del tribunal y no cinco, sabiendo que hacen falta tres votos para que un candidato pase al segundo ejercicio, compromete seriamente las posibilidades de éxito para nadie, en el caso de una oposición reñida. Ahora bien, en el caso de una comisión que prefiera dejar la plaza vacante (como era este caso sin duda para quienes conocemos la intrahistoria de esta plaza)—el que se vaya un miembro es una auténtica bicoca. Puente de plata, como hizo la presidenta. Pero para el juez no existen, claro, por axioma, muchas cosas de las que existen para este recurrente.

Más grave es que se ignore el hecho de que una renuncia es una renuncia y produce efectos (para terceras personas) de renuncia, si se acepta como tal, por muy antijurídica que sea—y aún peor, claro, si no se procede a sustituir al renunciante y se trata la renuncia como una mera ausencia a esos efectos. Pero los daños al opositor pesan muy poquito en esta sentencia. Y los actos contra derecho cometidos por la comisión se evaporan, sin más, sin consecuencias. Esto sí es típico de la Administración: o tú pierdes, o yo gano. Lo que no valía con el silencio administrativo, según el juez, sí vale aquí, al parecer.

Sobre este tema, más cosas podría decir, pero sólo añadiré que, según consta en la sentencia, "no se aportó el justificante del fallecimiento ni del día en el que el mismo se produjo". Ni se aportará, claro.

Con relación a la inadecuación del perfil

El juez ha dado por bueno que la plaza llevase como perfil "Lingüística inglesa"—algo enormente general, en lugar de una materia concreta. Yo entendía, ateniéndome a la normativa propia de la Universidad, que lo que debía figurar en el perfil de la plaza era una materia:  pongamos, "Historia de la lengua inglesa", o "Gramática inglesa", o "Comentario de textos", etc. Debo aclarar (algo que no parece captar bien la sentencia) que yo no estaba impugnando el perfil, sólo haciendo notar que a mi entender no se atenía a la normativa. Sea como sea, si el juez considera que el perfil es válido, tampoco se lo voy a discutir, y me doy por convencido.

El meollo de la cuestión, en lo del perfil, es que siendo éste tan amplio, no puede excluírseme como inadecuado para ese perfil, como hace la Comisión. Pues para eso tengo publicaciones avaladas en revistas y libros y editoriales de reconocido prestigio, sexenios de investigación, etc. Cuestiones que en ningún momento han sido entradas a valorar por la Comisión, que se limita a invocar una vaga "inadecuación" o una "insuficiencia" vaporosa de mis méritos. Esto es contabilizable: por ejemplo, los números de artículos y de libros son contabilizables, y en lo referente a lo que entra o no en "Lingüística" hay criterios objetivos, internacionales, como son los de la UNESCO, y no establecidos sobre la marcha por una comisión con un fin en mente. Pero el juez juzga que todo esto ya es discrecionalidad técnica. Vamos, discrecionalidad para decir que la tierra es cúbica si hace falta. La Comisión considera que el análisis del discurso, la estilística, la teoría de la narración, la teoría de la interpretación textual, etc.—no son lingüística. Y a correr, que total todo va a colar, rellena el acta y vámonos.

Pero el asunto es más grave. Esta sentencia cita otra sentencia según la cual sí puede entrarse a corregir la valoración técnica de las Comisiones, a pesar de la famosa discrecionalidad técnica, en el caso de errores flagrantes, o cuando las comisiones "no han tenido en cuenta manifiestas condiciones de mérito del partícipe" (sexenios, pongamos por caso), o cosas contra el sentido común, etc. Vale, el sentido común es discutible... Pero lo curioso es que esta sentencia, después de citar estos presupuestos, hace una quebrada mental y pasa a decir lo siguiente. Atentos que hay matices.

"En el caso presente, se pretende que se sustituya el criterio de la Comisión por el del Juzgador, que a su vez debería ’asumir’ el del recurrente, pero ello debe ser rechazado, ya que podrá discutirse si debía o no de concretarse o especificarse más el perfil, pero ello es una decisión discrecional del Tribunal, que podía haber optado bien por admitir como plenamente aceptable el que la actividad y proyecto investigador y docente fuese de cualquier materia encuadrable dentro de la lingüística bien por entender que se debía de exigir unos conocimientos globales o generales relativos al mayor número posible de asignaturas relacionadas con la lingüìstica, coherentes con el presumible carácter polivalente que se quiso dar a la plaza con un perfil tan general, aunque resultasen menos especializados, en el conjunto de materias que están incluidas dentro de la ’lingüística’."

(Un inciso: en el juicio, el abogado de la Universidad dijo que en el plan de estudios de Filología Inglesa sólo había tres asignaturas—no dijo cuáles—que pudiesen considerarse de un perfil de lingüística. Esto provocó carcajadas del público, claro).

Bien, maticemos. Jamás he pretendido yo que se sustituya el criterio de la Comisión por el mío, según sugiere el Juez que hago—antes bien, he apelado a que se consulten y apliquen los criterios generales, universalmente aceptados, y establecidos por organismos internacionales, como la UNESCO, para determinar qué es y qué no es "lingüística"—en lugar de una misteriosa discrecionalidad técnica que de hecho es arbitraria al no estar basada en ningún criterio técnico reconocible ni contrastado. O sea, no mi criterio, sino el de la UNESCO. Que no somos la misma persona, ojo.

El párrafo citado sigue con un argumento un tanto dudoso, según se entienda su alcance. La discrecionalidad técnica de la Comisión o tribunal se extiende al parecer a redefinir el perfil, según el Juez. Cosa que en absoluto es así. El perfil estará bien dado, o mal dado (bien dado, según estima el juez), pero la Comisión no puede (o más bien no debe) valorar la prueba como si de otro perfil se tratase. Es cuestionable que a una oposición con semejante perfil (Lingüística) fuese adecuado presentar un proyecto sobre una materia mucho más concreta—fonética, pongamos por caso—aunque el juez lo dé por bueno. Cuestionable, digo, y quizá entre en la discrecionalidad técnica de la comisión, al menos tal como aquí se entiende. Pase. Pero lo que nunca puede hacer la Comisión es hacer un gambito lateral y, teniendo que juzgar sobre un perfil de lingüística, hacer como si estuviese juzgando un perfil de gramática, o de fonética, excluyendo arbitrariamente los méritos que según criterios objetivables, internacionales, no subjetivos del recurrente ni de la comisión, etc.—son méritos relativos al campo de la Lingüística. Por todo lo cual, el razonamiento del Juez no es adecuado para el caso aquí presente, pues no centra bien la naturaleza del problema, ni responde a las objeciones que he presentado a la actuación de la Comisión. Y que son, en sustancia, objeciones a una actuación demostrablemente injusta. Si se atiende a la demostración, claro, y a los criterios de validez usados por la propia Administración en sus evaluaciones oficiales (como son esas clasificaciones de materias de la UNESCO).

Eso en el caso de que no se quiera dar por válido el principio administrativo más general: que los méritos de investigación en el área de conocimiento, es decir, en Filología Inglesa, han de ser los determinantes en el primer ejercicio, ya que el perfil ("lingüística") en este caso, se refiere únicamente a labores docentes por realizar en el Departamento, y no a investigación realizada en el área.

Es decir, que el Juez nunca entra a valorar lo que aquí se recurría:  es decir, si entra en la discrecionalidad técnica de la Comisión lo que yo digo que ni entra ni puede entrar: el dejar fuera de consideración, a su voluntad, el trabajo realizado en según qué tipos, ramas, o modalidades de "lingüística". Admitir la discrecionalidad técnica para hacer esto sería admitir que el perfil de la oposición lo fija la Comisión evaluadora, en lugar de ser algo establecido por la Universidad—y esto es algo que nadie ha defendido abiertamente, ni dispondría de argumentos legales para defender.

Quiero recordar, además, que en la oposición se me declaró "inadecuado" a priori por lo que el secretario Dr. Garrudo llamó el principio de los "corralitos", cuando me dijo que yo no era de ese "corralito"—o sea, que estaba "predestinado" por alguna razón a no optar a ninguna plaza de la (inexistente) "subárea" de Lingüística. Y que de ésta se me iba a excluir—con muchas felicitaciones por mi currículum, eso sí. Pero cero que te casco (bueno, uno y pico)—independientemente de cuál fuese mi labor investigadora en Filología Inglesa, e independientemente de que la mayor parte de ella se encuadrase, según criterios objetivables, en "Lingüística".  Durante mi ejercicio, el Dr. Garrudo mostró una monografía mía sobre teoría de la narración, y leyó la solapa donde se me definía como especialista en teoría y crítica literaria— presentándo eso como la prueba del nueve de que yo no tenía nada que hacer en una oposición "de lingüistica" (y sentando discrecionalmente, supongo, que la teoría de la narración nada tiene que ver con el estudio del lenguaje). Negaba así, además, el principio básico de la Filología, que es la interacción e interfaz entre lingüística y literatura. (Esta interacción es algo que se da de tortas, claro, con la teoría de las "subáreas" que tiene en la Dra. Onega a su mayor adalid. No es extraño que últimamente venga diciendo que la Filología es una disciplina decimonónica que se debe suprimir).

Pero el juez también pretende resolver la sustancia de este asunto sin que entren en consideración los principios básicos de lo que es la Filología, lo cual nos lleva a una petición de principio desde el momento en que la propia Comisión los ignora, y el juez declara esa actuación off limits para la Justicia, sin acudir a ningún criterio objetivable y de orden superior.

Con relación a la exigencia de proyecto investigador.

Admite el juez (a regañadientes) que en efecto no tenía yo ninguna obligación de presentar un proyecto de investigación, según me exigía la Comisión desconociendo la ley, sino únicamente un proyecto docente. Recordemos que estamos hablando del primer ejercicio, pues por supuesto yo tenía listos mis cinco proyectos de investigación encuadernados en pasta para presentarlos en el segundo ejercicio, el ejercicio relativo a un trabajo de investigación (aunque tampoco fuese estrictamente necesario, pues lo que la ley exigía era  exponer un trabajo de investigación). 

   Bien, pues los cuatro miembros de la Comisión hacen constar en acta que no he presentado proyecto de investigación, como quien hace notar una insuficiencia o irregularidad. Y el Juez pasa a defender su actuación, arguyendo que "el que no fuese necesario no quiere decir que no resultase posible, e incluso aconsejable, su presentación, prueba de lo cual es que el resto de los concursantes sí lo presentaron". Vale—o sea, que, por ejemplo, por usar una analogía, puede resultar posible, e incluso aconsejable, aunque no sea requisito legal, hacer la presentación del ejercicio en PowerPoint. Creo que se admitirá, sin embargo, que resultaría extraño que la comisión hiciese constar en sus actas que el concursante no ha presentado su ejercicio con PowerPoint, como argumento para suspenderlo.

(El ejemplo no es inocente: en la oposición de mi antiguo doctorando el Dr. De Juan, que también acabó como el rosario de la aurora, la misma presidenta de la comisión, Dra. Onega, hizo constar en un escrito dirigido al Rector que el Dr. de Juan no había hecho su ejercicio en PowerPoint, sistema éste que calificó tecnología de obligado uso en las clases, a pesar de que ella jamás lo haya utilizado).

Pues de igual modo, el razonamiento del Juez aquí hace una deriva lateral de manera extraña para, en lugar de preguntarse por qué la Comisión desconoce las leyes que supuestamente está aplicando, pasar a argumentar contra el recurrente, diciéndole también ahora el Juez que debería haber presentado un proyecto de investigación que no le es exigido por la ley. Curioso.

Más que curioso, por lo que voy a explicar un par de párrafos más abajo.

El Juez gasta bastante tinta explicando que el proyecto investigador no se contempla como un requisito sine qua non, ni es determinante en el resultado final, etc. (No queda claro, sin embargo, por qué no considera que se ha vulnerado mi derecho a una evaluación justa al puntuar un requisito no contemplado en la normativa. O por qué a mí no me lo puntúan, y a otros sí).

Yo presenté un proyecto investigador, como explicaré a continuación, pero el Dr. Garrudo no se dio por satisfecho, y entró en una serie de disquisiciones diciendo que no era suficiente la presentación del proyecto ni del trabajo de investigación en el segundo ejercicio, sino que debería haber presentado, además, una memoria de investigación—(distinta, supongo, de la documentación relativa a mis publicaciones y de mis participaciones en proyectos de investigación, documentación que sí presenté en el currículum y anexos). De hecho pasó un rato en la prueba el Dr. Garrudo haciendo una disquisición y diferenciación entre los proyectos, referidos al futuro, y las memorias, referidas al pasado. Y era la memoria de investigación lo que echaba en falta—al menos en ese momento. Porque luego hizo constar como todos los miembros del tribunal que lo que yo no había presentado era un proyecto de investigación.

También es inexacto que todos los concursantes presentasen un proyecto investigador a la primera prueba. (Aunque no dudo que lo hubiesen hecho, como yo también, a la segunda). Durante el ejercicio de otro de los concursantes, el Dr. Vázquez, realizado tras el durísimo enfrentamiento con la Comisión que tuvo lugar en mi ejercicio, me salté la normativa o etiqueta de la prueba en el momento en el que el Dr. Garrudo comentaba el proyecto docente del Dr. Vázquez. Lo hice para preguntar en voz alta  a la Comisión por qué en este caso no se exigía al concursante un proyecto de investigación. No lo hice con el propósito de perjudicar al Dr. Vázquez, claro está—pues insisto en que no era requisito presentar ese proyecto—sino con el fin de enfrentar a la Comisión con sus arbitrariedades, ya que me exigían (exigían, Sr. Juez, no recomendaban, ni aconsejaban) un proyecto de investigación a mí solo, y no a todos los concursantes. Por eso pregunté en voz alta si en este caso no se exigía proyecto de investigación. Por supuesto, en lugar de responder a esta pregunta tan improcedente desde el público, la Dra. Onega ordenó al Secretario que no contestase y que se ignorase lo que se acababa de escuchar. "Creo, sin embargo, que todos me han oído"—volví a decir. Y es que donde no hay ley, no hay educación tampoco—¿saben?

El Juez, en suma, aun reconociendo que la ley no exige la presentación de un proyecto de investigación, da por buena la actuación de la Comisión en este punto, minimiza los daños hipotéticos producidos al exigírmelo, y pasa por lo tanto a aceptar, como un hecho bien establecido y adecuado, la valoración que la Comisión hace sobre este recurrente (q.e.d.). Da así por muy bien fundado y procedente el hecho de que "además de ser más críticos los miembros de la Comisión con él que con el resto, especialmente la señora Ónega y el señor Garrudo, folios 112 y 113, en el informe final se explica que en su exposición se desvió de la cuestión objeto del debate, que su actividad investigadora y docente se aleja de las necesidades de la Universidad que se explican en la convocatoria y que sus conocimientos no son suficientes ni adecuados a la plaza"—nou cóment, que si no no avanzo.

A lo que voy, cuestión muy reveladora tanto sobre la actuación de la Comisión como sobre la del Rector y sobre la del Juez. Dicen los miembros de la Comisión, unánimemente y blanco sobre negro, que no presenté proyecto de investigación. Dejemos al margen la cuestión ya tratada de si era obligatorio exigirlo o no. Centrémonos en el hecho de que SÍ LO PRESENTÉ, en las carpetas 81 y 82 de la documentación listada en el currículum. Se trataba del proyecto en el que estaba trabajando, y que había presentado a las convocatorias nacional y regional de proyectos de investigación: se titulaba "Narración, Interacción, Interpretación", y aunque no obtuvo subvenciones oficiales—por aquello de no tener bastantes aragoneses en el equipo, etc.—sí dio lugar a numerosas publicaciones, y (supongo que habrá contribuido) a un sexenio de evaluación de la actividad investigadora. Este proyecto, encuadernado en pasta en cinco ejemplares y con las publicaciones aledañas y en curso, iba a ser presentado en el segundo ejercicio caso de pasar a él. Pero ya había sido incluido en la documentación muy voluminosa (ahí duele) del primer ejercicio.

Bien, pues ni la Comisión, ni el Rector, ni el Juez, tienen nada que decir sobre este punto. Sencillamente, lo ignoran. La Comisión declara unánimemente que no presenté un proyecto.... y es que mucho me temo que ni llegaron a examinar la documentación. Luego, en mi recurso, hago saber este hecho al Rector. Un error llámese material si se quiere, o mejor garrafal, o incontrovertible, por parte de la Comisión—o una falsedad si se prefiere... no, en todo caso, una cuestión de discrecionalidad técnica. Pero ¿cuál es el fallo del Rector sobre este hecho? ¿Pone en duda la veracidad o fiabilidad de la Comisión? ¿Va a examinar la documentación, a ver si está ahí el proyecto? No padre. La respuesta es el silencio administrativo, tan socorrido y tan útil para no saber si se va, si se viene, o si se está de vuelta de todo.

¿Y qué hace el juez, cuando mi abogada le vuelve a insistir en su exposición el día del Juicio, que al margen de que la Comisión exigiese o no indebidamente el proyecto de investigación, es falso que yo no lo presentase?

Pues otro silencio, sin más. De este asunto no hay ni media palabra en la sentencia, que da por sentado, ateniéndose a las actas de la Comisión, que no se presentó proyecto de investigación—sin la menor explicación ni alusión, ni a la exposición de mi abogada, ni a los recursos dirigidos al Rector donde exponía yo esta circunstancia. Concluye sobre este punto el juez que "el proyecto de investigación ni se consideró obligatorio (...) [¡toma ya!] — ni fue determinante ni de la puntuación de los demás, que sí lo presentaron, ni lo habría sido del recurrente, de haberlo presentado y haber obtenido la máxima calificación"—y del hecho de que sí lo presenté, y que lo ignoró el tribunal, y luego el Rector, y ahora el juez, ni media. Y todos tan frescos, que es sólo un señor el recurrente al que le gusta protestar al parecer, y el Juez lo tiene claro.

Se pregunta uno si esto de que sí que presenté proyecto de investigación lo voy a tener que publicar en el Heraldo, o proyectarlo a las nubes en PowerPoint. Es, como poco, chocante—o escandaloso—que una cuestión de forma/fondo tan obvia, tan flagrante, tan clara—¿igual es precisamente por eso, por lo clara?—sea esquivada con una especie de ceguera selectiva súbita por los órganos juzgadores (Comisión, Rectorado, Juez) cuando hay que dictarminar sobre ella, y se evapore sin más de los papeles. Y lo peor no es ya que la Comisión valorase o dejase de valorar el proyecto en sí—lo más significativo es lo que indica esto de la nula atención con la que la Comisión examinó la documentación de los opositores, o al menos la mía. Claro que yo ya iba excluido de entrada por "literato". Pero nada de todo esto es indicio de nada para el juez, que para mí que procesa este asunto del proyecto sin que su cerebro llegue a procesarlo. Con estos mimbres, no es de extrañar que estas investigaciones judiciales acaben incluso felicitando al tribunal si hace falta. Vaya confabulación de chupatintas.

La última cuestión sobre la que se pronuncia el Juez antes de declarar que "no procede estimar el recurso" es "la afirmación de que se prima antijurídicamente la docencia sobre la investigación, en contra del art. 8.2 a del RD 1888/1984" etc. El juez estima que esto no es así, "ya que la prioridad no significa en modo alguno que el mérito deba computarse de forma mayoritaria, y en el caso presente se valoró la investigación en 40% frente al 30% de la experiencia docente o al 10% de la experiencia en la gestión. Por otro lado, se atribuye un 20% al proyecto docente e investigador, lo cual supone que, a despecho de la principal argumentación del recurrente—que consideraba que éste no era exigible ni tan siquiera presentable [¡¡!!]—que otro 10% correspondería a la investigación, si bien en este caso en su proyección de futuro, lo que le otorgaría un 50%".

A ver, a ver...

- ¿"ni tan siquiera presentable", cuando yo mismo lo presenté? Ya será menos, Sr. Juez. Hay muchas cosas impresentables en este concurso-oposición, pero un proyecto de investigación no es una de ellas.

- Matemáticamente, mayoritario quiere decir prioritario. Hay otras posibles computaciones, pero puestos a hacer porcentajes priorizantes, un porcentaje prioritario tiene que ser del 51% mínimo. Que se lo pregunten si no a los políticos en el Congreso, quién tiene prioridad para formar gobierno.

- Y ahora, resulta que el juez da por buena la exigencia  del proyecto de investigación, y por hecho que el proyecto que se ha de presentar al primer ejercicio es docente e investigador... cuando antes ha basado su argumentación en que en ningún momento se ha exigido proyecto de investigación. Pero ay, ahora necesita ese pequeño porcentaje para redondear su argumento, que si no se va a caer todo el edificio por este asunto de porcentajes.

Y voy terminando. Hay otra cosa más que el juez ha resuelto por el procedimiento del ignorémosla. Otra cuestion garrafal de forma/fondo, en la que insistí detalladamente en mis recursos, por lo cual malamente se puede creer que ha pasado desapercibida. Aunque ya no sé.

Se trata del amaño de las votaciones. En el acta final, la Comisión, no contenta con ofender a la Filología y al procedimiento administrativo, pasa al asalto de la Lógica. También demuestra, de paso, desconocer qué es una votación, o más bien estar más que decidida a ignorarlo.

En primer lugar,  la Comisión acuerda, sin disparidad de criterio, una puntuación. Todos, la misma puntuación dada a los candidatos. (Por ejemplo, a mí, un 1’8 sobre 10—esto con mis calificaciones máximas continuadas en la Universidad de Zaragoza y Brown University, mis premios de estudios e investigación, mis sexenios de mérito investigador que alguno de ellos no tenía, etc. etc. Sin complejos todos, ¿eh?).

Acto seguido, la Comisión procede a votar a los candidatos diferenciadamente, a pesar de la puntuación dada a todos por acuerdo unánime. O sea, que yo, con un 1’8, no crean, sí que tuve un voto, el de la Dra. Onega. Claro que eran votos rituales, una especie de minué o pas de deux de la votación, donde los votos se distribuían de manera que ningún miembro de la comisión dejase de votar a alguien, y donde nadie pudiera obtener más de dos votos. De esta manera se disimulaba (no sé por qué, por algún tipo de falso pudor administrativo quizá) el acuerdo previo y unánime de la Comisión de no proponer a ningún candidato.

Con lo cual el voto no es la valoración razonada que el candidato tiene para el miembro del tribunal. Más bien no tiene nada que ver con eso. El voto es una mera pantalla destinada a disfrazar la auténtica actuación de la Comisión (el voto detrás del voto), que ha acordado unánimemente (por la puntuación previamente concedida) no proponer a ningún candidato, es decir, no votar a ninguno.

Este uso de los votos para disimular lo sucedido en una prueba, en lugar de para enjuiciar la valía de los candidatos, es un caso clarísimo de desvío de poder. Clarísimo, por el hecho de que una misma puntuación dé lugar tanto a un voto positivo como a uno negativo por parte de la misma persona. Es, como digo, una ofensa a la lógica, puesta al servicio de una ofensa a la normativa administrativa.

Pero—¿hay algún intento del Juez por defender este procedimiento, por entenderlo con arreglo a la discrecionalidad técnica de la Comisión, o a su buen hacer en todos los terrenos, o a su demostrado conocimiento de la normativa? ¿Algún intento de rescatar este proceder, por las posibilidades y margen de maniobra que ofrece a los tribunales para un bien quedar—bien quedar para quien se lo crea? Pues no, no hay ningún intento. Sencillamente se evapora esta cuestión de la sentencia, como si no hubiese sido nombrada. ¿Igual es que el juez considera obvio que es así como hay que usar el voto en un tribunal? Ya es que uno no sabe a qué atenerse.

Por todo lo anterior, no procede aceptar la sentencia, sino recurrirla ante un juez que, esperemos, tenga mejor criterio. O mejores argumentos— por muy tentador que sea para un tribunal apoyar las resoluciones de los tribunales, aun cuando desbarran.

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