jueves, 15 de mayo de 2014

Los aborígenes americanos






Este documental de la BBC presenta una historia sorprendente y desconocida, novedosa en sus datos e interpretaciones, y presentada con una variedad de datos e imágenes que combinan historia, antropología, arqueología de modo impactante.

Es la historia de la primera población de América, por aborígenes o negritos relacionados con las razas ancestrales dispersas por rincones diversos del Indico y del Pacífico, y previamente a la llegada de los amerindios, si por amerindios entendemos los pueblos mongoloides que pasaron por el estrecho de Bering hace decenas de miles de años, en una época de deshielo, y que poblaron América de norte a sur. Tradicionalmente han acusado al hombre blanco de exterminarlos y quitarles sus tierras—ahora se ve que quizá ellos también exterminaron y expulsaron a una población anterior. La historia de la migración amerindia es un Gran Viaje de la humanidad fascinante de por sí, y está intuida de manera muy inteligente y perfectamente razonada en un lugar que quizá sorprenda: el inicio de El último Mohicano de James Fenimore Cooper. Antes de Darwin, sí, y antes de los estudios genéticos de las poblaciones, y antes de que se demostrase que el hombre se originó en Africa. Claro que, en perfecta ortodoxia cristiana, también decía Santo Tomás de Aquino en el Tratado sobre el Hombre de su Summa Theologica exactamente dónde se originó la especie humana: al sur del ecuador, en la parte oriental de Africa. La Biblia y otros mitos siempre han sostenido la tesis de que los hombres llegaron a sus tierras actuales desde tierras lejanas, que la humanidad se expandió por el mundo a partir de un origen. Por algo se empieza. De los mitos, la especulación y el razonamiento vamos pasando a estudios cada vez más fundados, y otro documental de la BBC presentado por Alice Roberts, The Incredible Human Journey, presenta la historia completa del Gran Viaje en su versión actualizada. El capítulo 5, The Americas, presenta el poblamiento de América por los amerindios, y también apunta la posibilidad de un poblamiento previo por habitantes de la primera oleada australoide—que aún no se sabe ciertamente cómo llegaron hasta América. Ha desaparecido de la web el excelente sitio Lonely Islands, un lugar donde se presentaban por extenso documentos y ensayos sobre las últimas poblaciones dispersas que quedan, restos de la primera gran migración humana por el sur de Asia y el Pacífico.

Este otro documental, Tracking the First Americans, nos presenta los restos de aborígenes americanos hallados en cuevas del Brasil, una historia que no deja de recordar a aquella imaginación de Doris Lessing en Ben, in the World. Allí se han encontrado cráneos australoides, y pinturas rupestres antiquísimas, previas al poblamiento amerindio, sobre las que volveré más tarde. Dado que no se tenía noticia de poblaciones australoides en América, la hipótesis es que estos pobladores fueron mayormente desplazados, o exterminados, por los nuevos pobladores amerindios, hace unos 9.000 años. Ahora bien, el documental, en su segunda parte, expone la posibilidad de que se encuentren los últimos restos genéticos de esta población en los fueguinos—los aborígenes de Tierra del Fuego, población prácticamente exterminada durante el siglo XX, por las matanzas de los colonos blancos, por las epidemias, y por la desparición de su modo de vida tradicional. Según esta tesis, los fueguinos son una tribu marginada, producto de la hibridación de los australoides con los mongoloides, como se aprecia por estudios de su forma craneana. Físicamente recuerdan a veces a los esquimales, quizá por largo tiempo de adaptación a climas fríos—y desde luego eran muy distintos de los patagones que habitaban en el continente a muy poca distancia de ellos. Darwin los visitó a principios del siglo XIX y comentó que le parecían el grado más bajo y primitivo de la humanidad. Es un episodio novelado memorablemente en la novela de Harry Thompson This Thing of Darkness (Hacia los confines del mundo), que le recomiendo (como recomiendo este documental) a quien me quiera hacer caso. Hay que decir que hay mucha dosis de incertidumbre en algunos de sus aspectos, y que en concreto serán decisivas las pruebas de ADN que se puedan hacer a los últimos fueguinos o a sus restos.
fueguinas
Aparecen en el documental dos de las últimas fueguinas, ancianas recordando su modo de vida tribal en su niñez, y visitando las tumbas de toda su tribu, un mundo primigenio que ahora desaparece para siempre. Un contacto traumático entre los indígenas americanos y el hombre blanco, al igual que sucedió en México y en otros sitios: las plagas acaban con una civilización y un modo de vida, aun cuando quede una población grande o pequeña para rememorar imperfectamente lo que sucedió antes del colapso. Aquí está esta historia de colapso cultural todavía más brutalemente superpuesta en sus extremos—más que en el caso de los aztecas—al encontrarse una población paleolítica con los colonos de los modernos estados y sus armas de fuego. En el caso de los aztecas, había un desfase de dos mil o tres mil años—en este caso se comprime aquí una historia de diez mil años de evolución cultural, casi la Gran Historia de la humanidad, colapsada en un encuentro fatídico. Aparece de manera especialmente vívida esta superposición temporal cuando vemos unas grabaciones de los años 30 en las que un etnólogo italiano grabó a los últimos fueguinos que mantenían el modo de vida tribal de los aborígenes (minuto 32)—unas secuencias que parecen surgir de la noche de los tiempos, una peregrinación de formas extrañas que salen de lo desconocido y desfilan ante nosotros para desaparecer enseguida. Surgen de un tiempo inmemorial y van a su fin, a un tiempo sin memoria, en el que desaparecen y son olvidados, y se van borrando hasta las últimas huellas que dejaron. Es estremecedor, y es la historia de la humanidad y sus civilizaciones en pequeño, lo mismo que será en grande. Aquí lo vemos todo junto, de un vistazo, de dónde salimos y a dónde vamos—es lo que hace impresionante a este documental.

Pocos restos quedan en la memoria de la cultura de los fueguinos: habla el documental de sus rituales de iniciación, con apariciones de espíritus impersonados por los hombres, para separar así ritualmente a los hombres adultos de las mujeres y de los niños; son rituales semejantes en ese aspecto a los de otras culturas aborígenes del Pacífico. Quizá quede huella de esos rituales tal como eran practicados por sus ancestros aborígenes en las pinturas rupestres de miles de años de antigúedad que se descubrieron en Brasil. Pero esas pinturas tienen un interés todavía mayor (para mí) desde el punto de vista de la teoría narrativa: puede que sean una de las más antiguas narraciones históricas que se han conservado. En Australia se conserva la imagen de unos aborígenes en un barco—quizá una escena habitual, quizá el recuerdo de una gran navegación. Es imposible saberlo—y siempre habrá en las representaciones pictóricas primitivas este elemento de ambigüedad: ¿se refieren a una escena habitual y repetida, o mítica y ritual—es decir, son un relato iterativo? ¿O son por el contrario la representación de un acontecimiento individualizado?  Las imágenes de rituales son iterativas, y las de caza tienden a serlo—forman parte del modo de vida de la comunidad y de su relación con el entorno. Ahora bien, la arqueóloga francesa señala en el documental que las escenas de guerra y matanza aparecen sólo a partir de cierta antigüedad en los restos—no más de 9.000 años. Es decir, cuando se debió producir el encuentro entre las dos culturas y la exterminación de los aborígenes.

En el minuto 27.27 se especula incluso con que nos hallemos ante una narración pictórica secuencial, con varias figuras representando, como en un cómic o secuencia de fotos en cine, el movimiento de una sola figura—pero eso me parece muy especulativo y dudoso. Más probable me parece que en efecto las escenas de guerra y violencia representen un acontecimiento nuevo y memorable, la guerra de exterminación que antes no se había dado entre estas poblaciones dispersas y al parecer pacíficas.

Es muy probable que en esas escenas de combate, o de guerra, y de asesinatos o sacrificios humanos, estemos viendo la primera narración histórica, una representación del primer choque de culturas vivido como un acontecimiento en la memoria de quien pintó esta escena. Sería la primera narración que narra un acontecimiento no mítico y ritual. Una narración que, de llegarse a fundamentar esta tesis, sería el primer relato de la historia de la humanidad, salvo ejemplo a contrario—y es el relato de cómo la segunda oleada migratoria del homo sapiens desplaza a la primera, y una humanidad sustituye a otra. Como ya había sucedido en otros lugares del mundo (con los neandertales, con los homo erectus o con el hombrede Flores). Y como quizá vuelva a suceder, de maneras todavía impensables de hecho, pero ya pensadas en la ciencia ficción, en Last and First Men, por ejemplo, donde Olaf Stapledon narra la historia sucesiva de la serie de las humanidades, y de su exterminación por el entorno hostil—muchas veces el entorno hostil de otros humanos que terminan con los que son como ellos eran antes. Es lo que llamamos el progreso—pues no hay episodio de progreso que no sea también un episodio de exterminio y opresión. En eso no cambiamos, desde la noche de los tiempos.



—oOo—

Mi fotoblog

Mi fotoblog
se puede ver haciendo clic en la foto ésta de Termineitor. Y hay más enlaces a cosas mías al pie de esta página.