jueves, 28 de febrero de 2013

The Everly Brothers - Abandoned Love ( Bob Dylan )

Born yesterday...


Mirando el building

Evolution, Culture and Truth

"Well, it seemed a good idea at the time" - Dennett (not Socrates) on the Ideal and Perfect Knowledge— i.e. on language and on memes as a mode of fitness enhancement and bootstrapping by refining our knowledge.  And on the dange of toxic ideas and their spread in the contemporary informational ecosystem.


 




And "Breaking the Spell"—another Dennett lecture on religion as a mental virus:






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Spencer según Fischl

De Johann Fischl, Manual de Historia de la Filosofía. Barcelona: Herder, 1968.

Herbert Spencer (1820-1903) 

Spencer ha sido el más eficaz predicador del evolucionsimo, que no sólo propagó por Europa y Asia, sino que le creó un monopolio tal que, durante décadas, ninguna otra explicación del mundo pudo alzar cabeza a su lado. Spencer fue hijo de un maestro de Derby. Sin conocer ninguna lengua extranjera ni haber pisado la universidad, Spencer se levantó como puro autodidacta a estrella de primera magnitud de la ciencia. Ya a los 40 años concibió el plan de una exposición sistemática de la idea de la evolución, que luego desarrolló, en 36 años de duro trabajo, en su obra Sistema de filosofía sintética (10 t., 1861-1877). Ha sido indudablemente el más grande artífice sistemático de Inglaterra, tan hostil en lo demás a todo sistema.

a) Doble compás de la evolución: Toda evolución avanza en dos compases: En el primero se ostenta un despliegue, una diferenciación y especialización, que fija energía. Así suirge de lo simple lo complicado, de la célula primigenia el organismo. En el segundo compás, en cambio, se ostenta una descomposición en polvo y moho (o putrefacción), en que la materia apretada se deshace y desprende energía. Nacimiento y muerte, hacerse y deshacerse, marcan, consiguientemente, la ruta de la evolución.

b) ¿A priori o a posteriori? En oposición a Darwin, Spencer era un lamarckista. Mantuvo de por vida la opinión de que la experiencia particular lograda por nuestros antepasados se ha transmitido hereditariamente a sus descendientes. Po medio del constante aumento de la experiencia total de la especie han surgido también, al cabo de esta evolución, las verdades absolutas (a priori). Las mismas leyes matemáticas y lógicas, los conceptos metafísicos de espacio y tiempo, causa y efecto, alma y Dios, son sólo una madura experiencia de la especie. De esta evolucón no puede tampoco exceptuarse la conciencia y las normas morales. Asói pues, todas estas verdades "absolutas" son sin duda aprióricas para el individuo, pero a posteriori para la especie.

c) El Estado: Respecto a la evolución de la sociedad, el amor de Spencer a la libertad se mostró más fuerte que su fe en la evolución. Como el Estado no tiene, como tal, conciencia propia, no puede ser fin de la evolucón. Es sólo un aparato para defensa de nuestra libertad personal. Spencer miraba tan sensitivamente por su libertad, que llevaba él mismo sus manuscritos a la imprenta sólo por no sujetarse a la tiranía del correo estatal. En el rey de Inglaterra, "de adorno", veía una especie de muñeco que se deja como juguete al pueblo infantil. Es lo mejor que se puede hacer.  Espera que el Estado evolucione, de aparato policiaco, a libre Estado industrial, en que el trabajo manual retrocede para dejar lugar a la formación espirtual y en que todas las guerras desaparecerán por contrarias a la razón.

Spencer halló valiosos amigos en el fundador de la moderna eugenética, Francis Galton (1822-1911), en el famoso físico James C. Maxwell (1831-1879) y en los psicólogos de la religión Burnett H. Tylor, John Lubbock y James G. Frazer. A pesar de todo, el entusiasmo por la evolución fue barrido por el espíritu siguiente del tiempo casi con la misma rapidez con que había surgido. ¿Acrece el progreso la felicidad del hombre? Progreso, ¿para qué? ¿Existe un pueblo para llenar bibliotecas, atiborrar museos y... morirse? ¿No tiene sentido alguno la vida de obreros y campesinos, que no contribuyen inmediatamente al progreso de la cultura? Spencer se halló en su vejez en un aislamiento glacial, y se confesó a sí mismo que toda la erudición libresca es una necedad y que, en este mundo, sólo una cosa tiene valor: el amor. ¡Despedida verdaderamente emocionante de la ciencia!



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Spencer en The Stanford Encyclopedia of Philosophy.


miércoles, 27 de febrero de 2013

Notas sobre el dialogismo de Mijail Bajtin

Notas sobre el dialogismo de Mijail Bajtin en

"El problema del texto en la lingüística, la filología y las ciencias humanas. Ensayo de análisis filosófico"

http://www.unizar.es/departamentos/filologia_inglesa/garciala/publicaciones/bajtinproblematexto.html

Y en el SSRN:
http://ssrn.com/abstract=2226073

Se publica con fecha 1 de marzo de 2013 en estas revistas electrónicas: 

eJournal Classifications Message
CSN Subject Matter eJournals
             
Distributed in Cognitive Linguistics: Cognition, Language, Gesture eJournal
Vol 5, Issue 9, March 13, 2013
PRN Subject Matter eJournals
             
Distributed in Aesthetics & Philosophy of Art eJournal
Vol 5, Issue 10, March 12, 2013
PRN Subject Matter eJournals
             
Distributed in Philosophy of Language eJournal
Vol 6, Issue 11, March 15, 2013
RCRN Subject Matter eJournals
             
Distributed in Rhetorical Analysis eJournal
Vol 2, Issue 3, March 13, 2013

Nueva visión de la camioneta

martes, 26 de febrero de 2013

Hirschberger on Spencer (and Progress)


De Johannes Hirschberger, Historia de la Filosofía, vol. 2 (Barcelona: Herder, 1974):

Herbert Spencer (1820-1903) es el segundo representante destacado del empirismo inglés decimonónico. Es también uno de los abanderados de las dos grandes consignas del siglo: la evolución y el progreso.

Evolución. La evolución no es para Spencer un resultado de leyes o ideas como en Hegel, sino que constituye, ella misma, la esencia de toda la naturaleza, la cual, como una fuerza primitiva, produce todo de sí, cuando se da en el reino inorgánico, en el orgánico y en el espiritual. Creeríamos escuchar a un metafísico y no a un positivista declarado. Spencer no necesita de factores especiales, v.g., la selección natural, como Darwin, y otros los admitieron en el mundo orgánico. Bastan el mundo material y el sucesivo cambio para impulsar el progresivo devenir de formas, simpre nuevas, en las que lo indetermiando se va gradualmente determinando; admite, sin embargo, la herencia de cualidades adquiridas. La evolución es un principio cósmico, pero afecta de una manera especial al hombre. En primer lugar, porque también la evolución da una explicación de todo lo humano. Las verdades y valores del hombre, las que se denominan aprióricas, no son más que experiencias genéricas heredadas, que se van mejorando progresivamente. Con ello tenemos lo segundo—a saber, que la evolución debe ser una llamada al hombre para un progreso ulterior. Lo mismo que nuestro actual conocer y valorar se ha desarrollado a partir de un conocer y un valorar que en el fondo observamos ya en el animal, por ejemplo, en la mirada fiel del perro a su amo, así debemos nosotros a nuestra vez avanzar hacia nuevas y superiores verdades y valores. 

Con esto se pone Spencer en la mima línea de Darwin y Haeckel. Constituyen conjuntamente el popular triunvirato del ideal de la evolución y progreso del siglo XIX.

Progreso. Pero, nos preguntamos nosotros, aun admitiendo que los factores hechos famosos por Spencer basten para explicar el avance en el desarrollo de nuevas formas, ¿de dónde le viene el derecho de explicar este progreso, no como un mero avance, sino específicamente como una continua superación y encumbramiento, de modo que las formas nuevas son necesariamente mejores? ¿Sabe Spencer hacia dónde va lanzado todo este proceso ascendente? A nosotros nos oucrre pensar que un Agustín, un Cusano, un Leibniz, a base de su concepción eidético-teleológica del ser, tuvieron pleno derecho para sucribir una teoría optimista de la evolución. Para un empirista, en cambio, la teleología no pasa de ser, a tenor de la Crítica del Juicio, de Kant, un "como si", no llega a ser una realidad. Le faltan las medidas obligantes del valor, ya que no admite más que lo fáctico, y, por consiguiente, mirada la cosa más a fondo, tiene que resultar sumamente problemática esta evolución en mejor. En verdad que a nuestra mirada superficial sobre lo que nos rodea a parece hartas veces como evidente esta evolución hacia arriba. ¿Quién no designará como un efectivo progreso in melius el vapor, el ferrocarril, el auto, el avión, el teléfono, el telescopio, etc.? 

Tal fue la reacción instintiva del hombre moderno desde que Bacon lanzó la consigna de montar la ciencia como instrumento para el dominio de la naturaleza y para hacerla servir y aliviar la suerte del hombre, y desde que, con un optimismo desbordado, se puso el renacimiento a buscar en el hombre y en su ilimitada metarmorfosis la universalidad de todos los valores. 
 R. Turgot en su Discours sur l'histoire (1750) y A. Condorcet en su Esquisse d'un tableau historique des progrès de l'esprit humain (1794) convirtieron esto en teoría central de la filosofía de la historia: la historia es cultura y civilización; su sentido es perfeccionar la existencia del hombre. Esta fue también la persuasión de Marx y Engels y de todos los socialistas y, desde luego, de los utilitaristas ingleses. Así se llegó a una convicción general arraigada en el hombre moderno sobre su propia definición y su historia. "Esta idea de la civilización—escriben C. A. y M. R. Beard en The American Spirit (1942)—encierra un concepto de la historia como lucha del ser humano en el mundo por el perfeccionamiento individual y social, por lo bueno, lo verdadero y lo bello contra la ignorancia, el mal y las asperezas de la naturaleza física, contra las fuerzas de la barbarie en los individuos y en la sociedad." Es sintomático, a este respecto, el hecho de que en el proceso de tecnificación de la Unión Soviética se repite a cada momento la palabra progreso. Es una asociación de ideas que tiene toda la sugestividad de un iudicium per se notum adherido a lo más medular de la autoconciencia dle hombre moderno. Y así es comprensible que Spencer, todavía bajo la impresión de los "destellos" de la Ilustración y de los adelantos científicos y técnicos de su siglo, pudiera creer en el progreso al unísono con todo su tiempo. 

Pero desde aquellas fechas la ciencia y la técnica han descubierto nuevos aspectos. El desarrollo de los acontecimientos políticos y sociales del tiempo más cercano a nosotros, la 'masificación' del hombre, las amenazadoras concentraciones de poder de diversa índole, el pavoroso potencial de destrucción de la guerra, fenómenos todos concomitantes de los adelantos de la ciencia y civilización modernas, dibujan un tétrico horizonte de inseguridad, abierto por el hombre, en el que peligran el hombre y la misma tierra. Esto nos hace palpar ahora lo precipitado que fue creer que el curso de la historia, que el mismo hombre hace, puede caracterizarse sin más, como progreso.



Una pareja la noche del asteroide

Les Faux Soleils (2)


Les Faux Soleils (2) from Jose Angel García Landa on Vimeo.

lunes, 25 de febrero de 2013

Sobre el orden autogenerado


Se atribuye con frecuencia a Charles Darwin la noción del orden autogenerado por selección natural, el principio que hoy rige las ciencias naturales para explicar cómo un orden de fenómenos complejos puede surgir espontáneamente a partir de una multitud de fenómenos simples, por selección natural, sin necesidad de apelar a un diseño inteligente. El orden es espontáneo, no producto de un diseño inteligente. Esta noción, si bien Darwin la aplicó con genialidad y tesón para explicar el origen de las especies, está explícita o implícita en diversos grados en muchos pensadores evolucionistas anteriores—porque Darwin tampoco inventó la evolución, claro: no la inventó ni Charles ni Erasmus.

Ya hablé sobre algunos clásicos de la emergencia del orden complejo en Micromotivos, Retroalimentación y Fenómenos Emergentes. Hoy añado un par de notas a cuenta de otros pensadores evolucionistas.

archway

Primero, Lucrecio. Siempre hay que volver a Lucrecio. Aparte del atomismo, el evolucionismo tiene uno de sus clásicos en Lucrecio. El mundo no es obra de un dios, sino el resultado azaroso e imperfecto de la acción de fuerzas naturales. El edificio del mundo no es eterno ni permanente; todo ha tenido un principio y tendrá un final. Si bien Lucrecio concibe a la Tierra suspendida en el vacío, su cosmología es confusa y romana; tampoco da cuenta muy satisfactoria del origen de las especies, ateniéndose a la teoría clásica de la génesis continua de seres a partir de la tierra o del agua. Pero hay intuiciones importantes en su tratado. Por ejemplo, concibe un estado primitivo de la tierra poblado por seres imperfectos (ver más abajo las nociones de Saunderson). Y formula un primer principio de selección natural o supervivencia de los más aptos, que da lugar gradualmente al mundo tal como lo conocemos hoy:


Necesario es que entonces se extinguieran muchas especies de animales y no pudieran, reproduciéndose, forjar nueva prole. Pues todas las que ves nutrirse de las auras vitales, poseen o astucia o fuerza o, en fin, agilidad, que han protegido y preservado su especie desde el principio de su existencia. Muchas hay que por su utilidad nos son encomendadas a nosotros, confiadas a nuestra tutela.
     En primer lugar, la valentía ha defendido la violenta raza de los leones, especie cruel; la astucia, a las zorras; la rapidez, a los ciervos. Per los canes, de sueño leve y fiel corazón, toda la especie engendrada por el semen de las bestias de carga, los rebaños de lanosas ovejas y los bueyes cornudos, han sido todas, Memmio, confiadas a la tutela del hombre; pues ansiaban huir de las fieras, en busca de la paz y de ricos pastos adquiridos sin pena, que es lo que nosotros les damos en premio a sus servicios. Pero aquellos a quienes la Naturaleza no concedió ninguno de estos dones, de modo que ni podían vivir por sí mismos ni sernos de utilidad alguna, a cambio de la cual concediéramos a su especie pastos y protección bajo nuestra vigilancia, sin duda todos quedaban como presa y botín de los otros, impedidos por sus trabas fatales, hasta que la Naturaleza hubo cumplido la extinción de su raza. (V. 855-77).

Pero Lucrecio no cree en la evolución de las especies: "Cada cosa procede a su manera y todas conservan sus caracteres distintos según una ley inmutable", con lo cual no tiene una teoría del origen de las especies al margen de decir que surgen de la naturaleza; ha de pasar por alto los inconcebibles detalles. Y habla de hombres primitivos, viviendo como bestias (V.925ss.), con lo cual sí concibe una evolución cultural, pero no ve el origen del hombre en especies animales. Hay evolución de la vida social a partir de la familia, así como a partir del dominio del fuego, y una invención colectiva y gradual del lenguaje y de las instituciones (como luego la habrá en Vico)—pero los cuerpos humanos al parecer se originan completamente formados en algún extraño fenómeno natural.


Más adecuada es su concepción de las raíces de la evolución cósmica en el movimiento de los átomos. Se preocupa Lucrecio de añadir a estas partículas elementales un elemento de irregularidad o impredecibilidad, la declinación en su caída, sin la cual nada todo sería vale decir perfectamente uniforme y nada se hubiera generado. Veamos el pasaje en el que explica la generación espontánea de la complejidad y de fenómenos físicos complejos y equilibrados como los que describirá Herbert Spencer muchos siglos despues:

... [Si el espacio fuera finito, no podría contener una cantidad infinita de materia; y si ésta fuera limitada y el espacio infinito] ni el mar, ni la tierra, ni las luminosas bóvedas del cielo, ni la raza de los mortales, ni los sagrados cuerpos de los dioses podrían subsistir un instante; pues la masa de la materia, disgregándose, sería llevada, suelta, por el espacio inmenso; o mejor, jamás se hubiera agregado para crear ningún cuerpo, porque sus elementos dispersos no hubieran podido juntarse.  

Aquí se ve una remota intuición de cómo la fuerza de la gravitación, desconocida claro está para Lucrecio en los términos newtonianos, es necesaria a la hora de explicar la formación de fenómenos complejos en el universo, al llevar a una interacción compleja de los átomos que no podría darse en un estado de por así decirlo máxima entropía. Sigue Lucrecio explicando cómo el orden así generado no procede de un diseño inteligente, y sin embargo da lugar de modo espontáneo a la complejidad. 


Pues, ciertamente, los átomos no se colocaron de propósito y con sagaz inteligencia en el orden en que está cada uno, ni [pactaron entre sí cómo debían moverse]: pero como son innumerables y han sufrido mil cambios através del todo, maltratados por choques desde la eternidad, van ensayando toda suerte de combinaciones y movimientos, hasta que llegan por fin a disposiciones adecuadas para la creación y subsistencia de nuestro universo; y una vez éste ha dado con los movimientos convenientes, se mantiene durante largos ciclos de años, y hace que los ríos abastezcan el mar insaciable con su amplio fluir, y la tierra renueve sus frutos bajo la cálida caricia del sol, y florezca la nueva generación de vivientes, y vivan los errantes fuegos del éter; todo lo cual no sería en modo alguno posible, si del infinito no fluyera sin cesar materia para reparar a su tiempo las pérdidas. Pues así como la naturaleza de los seres animados, privada de alimento, se derrite y pierde cuerpo, así todas las cosas deben disolverse en cuanto deja de nutrirlas la materia, desviada por algún obstáculo de su recto camino.  (I. 1014-1041).

Todo está en movimiento y cambio, para Lucrecio, y el orden y ritmo repetitivo que percibimos en los fenómenos naturales es provisional, un momento de estabilidad aparente en un universo que fluye desde un caos inicial a su destrucción final. Dedica unos pasajes a refutar la teoría elemental de Heráclito, pero en lo sustancial está de acuerdo con él en cuanto a la naturaleza evolutiva del universo.



 clockwork wheels

Segundo, Maupertuis (Pierre Louis Moreau de Maupertuis), astrónomo, físico y polígrafo del siglo XVIII. El principio de Spencer relativo a la conservación de la fuerza, y a la ley del mínimo esfuerzo, fue anticipado por Maupertuis, que como Spencer lo convierte en un punto clave de sus reflexiones, en varias obras pero especialmente en su Ensayo de Cosmología (1750). Según la Wikipedia,



Maupertuis est célèbre pour avoir énoncé, un des premiers, le principe de moindre action. On lui doit, après Lucrèce et Fermat (pour la lumière), d’avoir eu l’intuition de ce principe. Plus d’un siècle et demi avant la révolution quantique, il ouvre la voie conceptuelle de l’intégrale des chemins de Feynman et de l’électrodynamique quantique. Mais la primauté de cette invention lui fut contestée dès son vivant par Samuel König, au nom de Leibniz.

Este principio, anticipado también por Lucrecio en sus consecuencias, es esencial para explicar la autogeneración de la complejidad, sin necesidad de esperar a la teoría de la selección natural de Darwin. La idea genial y revolucionaria ha estado allí desde hace mucho tiempo, para los pocos que han sido capaces de verla trascendiendo los mitos religiosos.



Tercero, Saunderson y Diderot.  No puedo localizar la fuente de las afirmaciones de Diderot sobre Saunderson; según el Dictionary of National Biography Saunderson no parece haber publicado obras sobre sus reflexiones evolucionistas. Saunderson era ciego y matemático genial, extraña combinación; es además uno de los precursores en la invención de la calculadora, con un ingenioso artefacto que describe Diderot en su Lettre sur les aveugles (1749) También nos cuenta Diderot, sin citar la fuente, unas conversaciones de Saunderson inspiradas por su ceguera, donde expresa su escepticismo (y el de Diderot) sobre la existencia de un Dios creador y de un diseño inteligente en el universo. Aquí cuenta Diderot una de las últimas reflexiones de Saunderson, o quizá de "su" Saunderson, filósofo escéptico que contempla un inmenso universo en evolución y un orden humano precario:



Lorsqu'il fut sur le point de mourir, on appela auprès de lui un ministre fort habile, M. Gervaise Holmes; ils eurent ensemble un entretien sur l'existence de Dieu, dont il nous reste quelques fragments que je traduirai de mon mieux; car ils en valent bien la peine. Le ministre commença para lui objecter les merveilles de la nature: "Eh, monsieur! lui disait le philosophe aveugle, laissez là tout ce beau spectacle qui n'a jamais été fait pour moi! J'ai été condamné à passer ma vie dans les ténèbres; et vous me citez des prodiges que je n'entends point, et qui ne prouvent que pour vous et que pour ceux qui voient comme vous. Si vous voulez que je croie en Dieu, il faut que vous me le fassiez toucher. 
—Monsieur, reprit habilement le ministre, portez les mains sur vous-même, et vouse rencontrerez la divinité dans le mécanisme admirable de vos organes.
—Monsieur Holmes, reprit Saunderson, je vous le répète, tout cela n'est pas aussi beau pour moi que pour vous. Mais le mécanisme animal fût-il aussi parfait que vous le prétendez, et que je veux bien le croire, car vous êtes un honnête homme très incapable de m'en imposer, qu'a-t-il de commun avec un être souverainement intelligent? S'il vous étonne, c'est peut-être parce que vous êtes dans l'habitude de traiter de prodige tout ce qui vous paraît au-dessus de vos forces. J'ai été si souvent un objet d'admiration pour vous, que j'ai bien mauvaise opinion de ce qui vous surprend. J'ai attiré du fond de l'Angleterre des gens qui ne pouvaient concevoir comment je faisais de la géométrie: il faut que vous conveniez que ces gens-là n'avaient pas de notions bien exactes de la possibilité des choses. Un phénomène est-il, à notre avis, au-dessus de l'homme? nous disons aussitôt: c'est l'ouvrage d'un Dieu; notre vanité ne se contente pas à moins. Ne pourrions-nous pas mettre dans nos discours un peu moins d'orgueil, et un peu plus de philosophie? Si la nature nous offre un nœud difficile à délier, laissons-le pour ce qu'il est; et n'employons pas à le couper la main d'un être qui devient ensuite pour nous un nouveau nœud plus indissoluble que le premier. Demandez à un Indien pourquoi le monde reste suspendu dans les airs, il vous répondra qu'il est porté sur le dos d'un éléphant; et l'éléphant sur quoi l'appuiera-t-il? sur une tortue; et la tortue, qui la soutiendra?... Cet Indien vous fait pitié; et l'on pourrait vous dire comme à lui: Monsieur Holmes, mon ami, confessez d'abord votre ignorance, et faites-moi grâce de l'éléphant et de la tortue."
     Saunderson s'arrêta un moment: il attendait apparemment que le ministre lui répondît; mais par où attaquer un aveugle? M. Holmes se prévalait de la bonne opinion que Saunderson avait conçue de sa probité, et des lumières de Newton, de Leibniz, de Clarke et de quelques-uns de ses compatriotes, les premiers génies du monde, qui tous avaient été frappés des merveilles de la nature, et reconnaissaient un être intelligent pour son auteur. C'était, sans contredit, ce que le ministre pouvait objecter de plus fort à Saunderson. Aussi le bon aveugle convint-il qu'il y aurait de la témérité à nier ce qu'un homme, tel que Newton, n'avait pas dédaigné d'admettre: il représenta toutefois au ministre que le témoignage de Newton n'était pas aussi fort pour lui que celui de la nature entière pour Newton; et que Newton croyait sur la parole de Dieu, au lieu que lui il en était réduit à croire sur la parole de Newton. 
     "Considérez, monsieur Holmes, ajouta-t-il, combien il faut que j'aie de confiance en votra parole et dans celle de Newton. Je ne vois rien, cependant j'admets en tout un ordre admirable; mais je compte que vous n'en exigerez pas davantage. Je vous le cède sur l'état actuel de l'univers, pour obtenir de vous en revanche la liberté de penser ce qui me plaira de son ancien et premier état, sur lequel vous n'êtes pas moins aveugle que moi. Vous n'avez point ici de témoins à m'opposer; et vos yeux ne vous sont d'aucune ressource. Imaginez donc, si vous voulez, que l'ordre qui vous frappe a toujours subsisté; mais laissez-moi croire qui'il n'en est rien; et que si nous remontions à la naissance des choses et des temps, et que nous sentissions la matière se mouvoir et le chaos se débrouiller, nous rencontrerions une multitude d'êtres informes pour quelques êtres bien organisés. Si je n'ai rien à vous objecter sur la condition présente des choses, je puis du moins vous interroger sur leur condition passée. Je puis vous demander, par exemple, qui vous a dit à vous, à Leibniz, à Clarke et à Newton, que dans les premiers instants de la formation des animaux, les uns n'étaient pas sans tête et les autres sans pieds? Je puis vous soutenir que ceux-ci n'avaient point d'estomac, et ceux-là point d'intestins; que tels à qui un estomac, un palais et des dents semblaient promettre de la durée, ont cessé par quelque vice du cœur ou des poumons; que les monstres se sont anéantis successivement; que toutes les combinaisons vicieuses de la matière ont disparu, et qu'il n'est resté que celles où le mécanisme n'impliquait aucune contradiction importante et qui pouvaient subsister par elles-mêmes et se perpétuer." (Diderot, Lettre sur les aveugles p. 102-5)

Apunta en este importante pasaje una cierta noción de la selección natural, pero también a la vez un esbozo del principio antrópico: sólo en los universos viables llega a haber criaturas como nosotros, pero eso no quiere decir que el universo se haya hecho con nosotros en mente, pues hay que tener en cuenta la multitud inconcebible de universos no viables. No sé si lo he dicho en algún otro sitio, pero quienes interpretan el principio antrópico de modo teleológico son víctimas de una de las manifestaciones más enraizadas y más radicales de hindsight bias, de la distorsión retrospectiva a la hora de interpretar los hechos. 


Continúa inmediatamente Saunderson:

     "Cela supposé, si le premier homme eût eu le larynx fermé, eût manqué d'aliments convenables, eût péché par les parties de la génération, n'eût point rencontré sa compagne, on [—ou?—JAGL] se fût répandu dans une autre espèce, M. Holmes, que devenait le genre humain? Il eût été enveloppé dans la dépuration générale de l'univers; et cet être orgueilleux qui s'appelle homme, dissous et dispersé entre les molécules de la matière, serait resté, peut-être pour toujours, au nombre des possibles." (105)

La alusión a las moléculas de la materia, y a los seres deformes y monstruosos del origen de los tiempos, hace pensar que Saunderson estaba familiarizado con los razonamientos de Demócrito o de Lucrecio. Estos debían ser bastante más apreciados en los círculos escépticos y librepensadores de lo que pensamos por las noticias que nos llegan; así pues no es descartable que otras muchas personas opinasen como Saunderson, sin por ello publicar estos pensamientos, como no parece haber hecho él por otra parte. Diderot lo hace un tanto indirectamente; sus Pensées Philosophiques fueron condenadas por el Parlamento de París.



     "S'il n'y avait jamais eu d'êtres informes, vous ne manqueriez pas de prétendre qu'il n'y en aura jamais, et que je me jette dans des hypothèses chimériques; mais l'ordre n'est pas si parfait, continua Saunderson, qu'il ne paraisse encore de temps en temps des productions monstrueuses." Puis, se tournant en face du ministre, il ajouta: "Voyez-moi bien, monsieur Holmes, je n'ai point d'yeux. Qu'avions-nous fait à Dieu, vous et moi, l'un pour avoir cet organe, l'autre pour en être privé?"
     Saunderson avait l'air si vrai et si pénétré en prononçant ces mots, que le ministre et le reste de l'assemblée ne purent s'empêcher de partager sa douleur, et se mirent à pleurer amèrement sur lui. L'aveugle s'en aperçut. "Monsieur Holmes, dit-il au ministre, la bonté de votre cœur m'était bien connue, et je suis très sensible à la preuve que vous m'en donnez dans ces derniers moments: mais si je vous suis cher, ne m'enviez pas en mourant la consolation de n'avoir jamais affligé personne."
     Puis reprenant un ton un peu plus ferme, il ajouta: "Je conjecture donc que, dans le commencement où la matière en fermentation faisait éclore l'univers, mes semblables étaient fort communs. Mais pourquoi n'assurerai-je pas des mondes, ce que je crois des animaux? Combien de mondes estropiés, manqués, se sont dissipés, se reforment et se dissipent peut-être à chaque instant dans des espaces éloignés, où je ne touche point, et où vous ne voyez pas, mais où le mouvement continue et continuera de combiner des amas de matière, jusqu`à ce qu'ils aient obtenu quelque arrangement dans lequel ils puissent persévérer? O philosophes! transportez-vous donc avec moi sur les confins de cet univers, au-delà du point où je touche, et où vous voyez des êtres organisés; promenez-vous sur ce nouvel océan, et cherchez à travers ses agitations irrégulières quelques vestiges de cet être intelligent dont vous admirez ici la sagesse!"

Esta noción de los múltiples universos ensayados o fallidos recuerda inevitablemente a ciertos pasajes del Star Maker de Stapledon, pero claramente Saunderson y Diderot son menos teístas que Stapledon. Pero ante todo este pasaje también es crucialmente inteligente en tanto que se refiere a la inmensidad de nuestro propio universo, y a los otros mundos contenidos en él, en la medida en que explica el orden antrópico de la Tierra como una ilusión perspectivística; carecemos de criterios fiables o de sentidos capaces de medir la desproporción inmensa, impensable, entre la magnitud del universo y la pequeñez del orden que nos constituye; y esa misma incapacidad, y nuestro mundo habitual de los sentidos, nos llevan a crear equivocadamente un universo antropocéntrico. Nuestro elemento es el mundo humano, y toda reflexión que cree trascenderlo nos hace caer víctimas de este tipo de falacias.



     "Mais à quoi bon vous tirer de votre élément? Qu'est-ce que ce monde, monsieur Holmes? Un composé sujet à des révolutions, qui toutes indiquent une tendance continuelle à la destruction; une succession rapide d'êtres qui s'entre-uivent, se poussent et disparaissent; une symétrie passagère; un ordre momentané. Je vous reprochais tout à l'heure d'estimer la perfection des choses par votre capacité, et je pourrais vous accuser ici d'en mesurer la durée sur celle de vos jours. Vous jugez de l'existence successive du monde, comme la mouche éphémère de la vôtre. Le monde est éternel pour vous, comme vous êtes eternel pour l'être qui ne vit qu'un instant. Encore l'insecte est-il plus raisonnable que vous. Quelle suite prodigieuse de générations d'éphémères atteste votre éternité! quelle tradition immense! Cependant nous passerons tous, sans qu'on puisse assigner ni l'étendue réelle que nous occupions, ni le temps précis que nous aurons duré. Le temps, la matière et l'espace ne sont peut-être qu'un point."

Saunderson s'agita dans cet entretien un peu plus que son état ne le permettait; il luis survint un accès de délire qui dura quelques heures, et dont il ne sortit que pour s'écrier: "O Dieu de Clarke et de Newton, prends pitié de moi!" et mourir.

Era, quizá, la propia ceguera de Saunderson la que le abría los ojos a estas especulaciones sobre la naturaleza de la realidad que escapaban a los que podían ver, cegados en su comprensión por lo que veían y tomaban por la evidencia. Un punto de vista marginal y diferente, por ejemplo el de un ciego, permite así ver la realidad desde un punto de vista desfamiliarizador y penetrante. Así lo dice Diderot—otros tienen ojos que le faltaban a Saunderson, pero en cambio "viven como ciegos, y Saunderson muere como si hubiese visto."





El Edificio

El Edificio by JoseAngelGarciaLanda
El Edificio, a photo by JoseAngelGarciaLanda on Flickr.

Hirschberger on Haeckel

O la refutación del vertebrado gaseiforme. Johannes Hirschberger, influyente historiador de la filosofía opina sobre el materialismo y sobre Haeckel en la sección "El materialismo científico" de su Historia de la Filosofía, vol. 2 (Barcelona: Herder, 1974). Hirschberger es pensador kantiano-cristiano; no es de esperar de él una opinión ni demasiado favorable ni demasiado elaborada del evolucionismo, cuánto menos una comprensión de la evolución.

El materialismo del ala izquierda hegeliana recibió un considerable refuerzo por el lado del materialismo de las ciencias naturales. No es, en modo alguno, exacto decir que el estudio de estas ciencias lleva al materialismo; tenemos los casos señeros de Newton y M. Planck. Se da, no obstante, bastantes veces el materialismo en ese campo. La explicación está en que algunos de los llamados hombres de ciencia, y con mayor frecuencia la masa del vulgo, entran en el terreno de la experiencia con una actitud antifilosófica, que les lleva a tomar la parte por el todo, el dato sensible, que momentánea y periféricamente la observación les da por la esencia total y de fondo.

Primera ola. Ya en el siglo XVII existió en Inglaterra un materialismo ocasionado por las ciencias físicas; lo hubo en mayor escala en la ilustración francesa. En Alemania, Kant y el idealismo alemán no le dejaron levantar cabeza. Pero con el siglo XIX, el siglo de las ciencias, penetra la marea materialista en la misma Alemania, que se vio de golpe convertida al espíritu del tiempo. Hizo su irrupción estrepitosa en la reunión de científicos de Gotinga de 1854, que mostró con sorpresa cómo muchas mentes estaban imbuídas del espíritu del momento. Domina el segundo tercio del pasado siglo (hacia 1840-70). La fórmula con que se ha resumido este periodo es: alza del mundo material, enriquecimiento exterior y empobrecimiento interior. El materialismo era la filosofía cortada para esta situación. 

Representantes de la teoría. Las publicaciones de los científicos materialistas se tomaron como expresión del gran progreso, de la ciencia, y hallaron de parte del público una acogida sensacional: Karl Vogt, con sus Cartas fisiológicas (1845) y su escrito polémico Köhlerglaube und Wissenschaft (Fe del carbonero y ciencia) 1854; Jakob Moleschott, con su Kreislauf des Lebens (Ciclo de la vida) 1852; Luis Büchner con su Kraft und Stoff (Fuerza y materia) 1855; y Enrique Czolbe, con su Neue Darstellungen des Sensualismus (Nuevas exposiciones del sensualismo) 1855. 

La doctrina de todos ellos se resume en que el mundo está en movimiento y devenir, y el ser no es otra cosa que fuerza y materia, como ya dijera Demócrito. Ninguna falta hace el nous de Anaxágoras, ni las ideas y demiurgo de Platón, ni el motor immobilis de Aristóteles, para no decir nada del Dios de los cristianos. ¿Y el alma que vive dentro del hombre? ¿Y el pensamiento? ¿Y la conciencia? Como seca respuesta se nos dice simplente que todo lo anímico es mera función del cerebro. El pensamiento es para el cerebro como la bilis para el hígado y la orina para los riñones. Pura secreción o exudado de la materia.

Hay "algo no bien filtrado" en todo esto, anota no sin humor Hermann Lotze. El error de los materialistas tiene un origen bien sencillo. Aconstumbrados a ver en sus exactas observaciones que los fenómenos de la conciencia van siempre vinculados a una materia organizada, concretamente el pensamiento a ciertas alteraciones de la sustancia cerebral, sacaron la errónea conclusión de que el alma y el pensamiento se reducen a una mera función del cerebro. Tal conclusión es un sofisma. Pues el hecho de que un proceso espiritual tenga su sedeo apoyo en un proceso fisiológico, no autoriza a identificarlos, sino sólo a señalar la concomitancia de los dos procesos, cuyas características irreductibles están al alcance de un recto análisis. Así lo entendió la filosofía tradicional que vio siempre en la sensación un presupuesto, condición o peldaño para la facultad superior cognoscitiva dl hombre. Igualmente Leibniz, en su polémica con Hobbes (cf. supra, p. 92, 106), al que opuso el paralelo de la respiración y la vida del hombre; sin aire no vie le hombre y, sin embargo, el aire no es la vida del hombre. 

El crítico. La crítica contundente del materialismo salió de la pluma de Fr. A. Lange en su obra clásica Geschichte des Materialismus (1866). Con su examen objetivo y desapasionado hizo más daño al materialismo que todos los golpes de los escritos puramente polémicos. La idea capital de Lange es que el materialismo tiene derecho a afirmare como un método de investigación en las ciencias naturales. Esta experiencia cinetífica debe conducirse como si de hecho no se dieran más que realidades materiales; no afirmaron lo contrario Leibniz y el mismo Kant. Pero, en cambio, hay que rechazar el materialismo como metafísico y como concepción filosófica del mundo. Sus afirmaciones rebasan aquí los límites de la experiencia, son primitivas y faltas de crítica. Debe contentarse, en su terreno experimental, con registrar y sistematizar fenómenos sin pronunciarse para nada sobre la cosa en sí, según había ya pensado y aconsejado Kant. Cuando, por ejemplo, se aplica a la psicología el método experimental de las ciencias naturales, cosa que propugna Lange, no está con ello decidido que lo psicológico, así descubierto, sea todo lo anímico, pues puede muy bien ser que algo esté en conexión regular con lo anímico y, sin embargo, no sea más que un fenómeno concomitante, en ningún modo su verdadera esencia y fundamento. 

Sobre la crítica de Lange al materialismo ético, cf. infra, p. 356.

Segunda ola. La segunda ola del materialismo comienza en las postrimerías del siglo XIX, y lleva por nombre monismo. Está vinculada a las figuras de Ernst Haeckel (1834-1919) y Wilhelm Ostwald (1854-1932). En 1906 se fundó la Liga monista. Se vuelve a hablar del "uno", del "todo". Este "uno-todo", al que se quiere reducir toda la variedad del ser, es en Haeckel la "substancia", en Ostwald la "energía". De este modo quedan ahora repartidas la "fuerza" y la "materia" de Büchner. El mayor influjo lo ejerció Haeckel con su libro Welträtsel (Enigmas del Universo) 1899, difundido en cientos de miles de ejemplares y traducido a más de veinte lenguas, comparable en popularidad con la Kraft und Stoff de Büchner, que le precedió, y con el Zarathustra de Nietzsche, que le siguió. Haeckel fue un renombrado zoólogo; como filósofo, no fue igual su fama; fue más bien adversa. 

Darwin
Para comprender el monismo de Haeckel es menester decir antes algo de lo más substancial de Charles Darwin (1809-92). Este autor había publicado ya en 1858 su obra On the origin of species by means of natural selection (Sobre el origen de las especies a base de una selección natural; trad. cast.: El origen de las especies por la selección natural, Madrid (2)1963), traducida al alemán al año siguiente. Fue decisiva para la segunda ola de materialismo en Alemania, especialmente para el influjo de Haeckel. Este escrito vino a conmover la hasta entonces creída fijeza de los tipos biológicos (pluralismo polifilético), en gracia de un desarrollo ininterrumpido de todas las especies a partir de una única célula primitiva (evolución monofilética), introduciendo con esto un nuevo concepto en biología, que desempeñará ahora un papel predominante: el concepto de evolución.

En esta evolución incluye Darwin al hombre en su segunda gran obra The descent of man and selection in relation to sex (Desdencencia del hombre y selección en relacióin con el sexo) 1871. Con ello perdía el hombre su privilegiada situación en el reino de los vivientes, aparecía ya no como creado inmediatamente por Dios, sino como un producto de la descendencia general biológica, y se convertía así en una especie animal más. Al modo como Copérnico quitó a la tierra su carácter de centralidad del Universo para convertirla en un astro más, el hombre se ve ahora privado por Darwin de su posición de privilentio y metido en la serie de los animales.
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Es preciso distinguir en el darwinismo dos cuestiones: el hecho de la evolución en el reino de la vida, hecho probado por él con un abundante material biológico, y la hipótesis explicativa de esta evolución, nunca probada y siempre atacada como insuficiente, a saber, el carácter mecánico de esta evolución. Porque Darwin no se representa esta evolución al modo, v.g. de Hegel, en el sentido de una morfología idealística, que se reduce a situar en el tiempo la aparición y realización de las especies, dejando intacto el tipo de esencia como algo intemporal, sino que la subordina a dos factores que actúan de modo mecánico, a saber: la selección en la lucha por la vida (struggle of life), en la que se sostienen y propagan los más fuertes y mejor dotados, y la selección sexual, que a su vez favorece a los más fuertes; en forma que la superioridad de los mejor dotados se va haciendo gradualmente tan señalada, que puede hablarse de una nueva especie superior. 

Ya antes de Darwin, J. B. Lamarck (m. 1829) trató de explicar al evolución como una adaptación. El viviente se transforma, según él, correspondientemente a las variaciones del medio circundante, y llega a desarrollar nuevas propiedades que transmite luego en herencia. La suma de ellas daría finalmente grandes diferenciaciones que corresponderían a nuestras distinciones de especies. No quedan explicados, ni en Darwin ni en Lamarc, los organismos primitivos indicadores de la serie, que se supone son muchos y distintos. Su origen lo explicó Darwin recurriendo a la intervención de una fuerza creadora. 

Haeckel  
Haeckel es más radical que Darwin. La evolución mecánica abarca en él desde el átomo hasta el hombre. Todas las formas de la vida, según él, brotan espontáneamente (generatio spontanea o aequivoca), desde los protozoos, pasando por las sucesivas diferenciaciones, hasta la más alta de los mamíferos, la del hombre. Sus inmediatos antecesores son los primates. "El hombre viene del mono" es el tópico de la hora. Ya antes de La descendencia del hombre, de Darwin, Haeckel había desarrollado la teoría de la descendencia de esta manera radical en sus escritos: Generelle Morphologie der Organismen (1866) y Natürliche Schöpfungsgeschichte (Historia natural de la creación) 1868. 

Con ello quedó comprendido, dentro del monismo mecanicista, el hombre y el animal, el mundo orgánico y el inorgánico. Ni se detiene ante el binomio cuerpo-espíriutu. "Nos reafirmamos en el monimso puro y unívoco de Spinoza; la materia, como substancia infinitamente extensa, y el espíritu (o la energía) como substancia sintiente y pensante, son los dos atributos o propiedades fundamentalesdel ser divino omnicomprensivo, de la substancia universal." Así nos habla Haeckel en el primer capítulo de los Enigmas del Universo. Al equiparar espíritu a sensación y energía, muestra bien claro que, para él, espíritu y materia no son dos cosas esencialmente distintas. Igualmente allana este materialismo la dualidad del mundo y Dios. "El monismo no conoce en el universo más que una única substancia, que es al mismo tiempo Dios y naturaleza. Cuerpo y espíritu, o materia y energía, están indisolublemente unidos en ella. El Dios extramundano o personal del dualismo lleva necesariamente al teísmo; por el contrario, el dios intramundano del monismo lleva la panteísmo" (Enigmas, c. 1). Haeckel creía no poder representarse al Dios del teísmo sino en la forma de un "vertebrado gaseiforme". Haeckel llevó a cabo una violenta campaña contra la religiosidad de la Iglesia, siempre so capa de amor a la ciencia, a la evolución y al progreso. Fue un dicho favorito de él que la Iglesia se oponía a la ciencia y al progreso. Una de sus muchas afirmaciones gratuitas y simplistas.

Del monismo de Haeckel hoy no queda nada. La teoría de la descendencia del mono dio paso, en el campo de la ciencia, a una tesis más cauta, en el sentido de que ambos, hombre y mono, tenían un antepasado común. Después se limitó la posible descendencia al aspecto meramente somático. El sentido y la manera y grado de tal procedencia es hoy cosa cada vez más controvertida. El origen de las especies sigue siendo un enigma para la ciencia humana. No puede ciertamente admitirse como hecho comprobado por esta ciencia el origen espontáneo y mecánico de la vida a partir de la materia inorgánica, y menos, naturalmente, la identidad radical de cuerpo y espíritu. Puede decirse que el materialismo, al menos como teoría científica, está hoy superado. Pero en su tiempo los escritos de Haeckel extraviaron a miles y miles de espíritus, sobre todo en los círculos marxistas. A su muerte, Vorwärts (Adelante), órgano del partido social-demócrata alemán, escribió las siguientes palabras: "Lo que Voltaire fue para los franceses, eso debe ser dicho también en honra de Haeckel. Él es el adalid de la revolución alemana." (8 agosto de 1919). En el marxismo soviético ruso pasan todavía como ciencia las doctrinas de Haeckel. 

Bergmann y Dingler. Dos sucesores tardíos tuvo Haeckel en el campo nazi: E. Bergmann, con su libro Die natürliche Geisteslehre. System einer deutsch-nordischen Weltsinndeutung (Teoría naturalista del espíritu. Sistema de una interpretación germano-nórdica del mundo) 1937, y H. Dingler con su obra Von der Tierseele zur Menschenseele. Die Geschichte der geistigen Menschwerdung (Del alma del animal al alma del hombre. Historia de la transformación espiritual del hombre) (2)1942. Uno y otro tocan un punto desatendido por Haeckel, la explicación de la espiritualidad humana como término de la evolución. Pero no pasan, ambos, de dar consideraciones ocasionales, fruto de la situación política de entonces.


Hirschberger, Historia de la Filosofía, vol. 2 (Barcelona: Herder, 1974) pp. 317-21.


Carne de china

Algunas reflexiones al paso después de ver Cloud Atlas. Supongo que será candidata a los Oscars del año que viene, con sus colección de estudios de efectos especiales, y que se llevará unos cuantos; también parece bien pensada para arrasar en cuestiones de actores secundarios y de maquillaje. Una de las cosas más llamativas de la película es cómo reaparecen varios actores en distintos papeles en las diversas historias, y llevado por tu entusiasmo de reconocer a algunos de ellos, no caes en la cuenta de que no has reconocido a la mayoría, a no ser subliminalmente. Aunque creo que esto la hace más bien candidata a ser re-vista y repasada; sale uno de ella con la sensación de haber visto varias películas, lo cual es a la vez bueno y malo. (Aquí una reseña preliminar). Lo que une a los argumentos son lazos temáticos, unidos a la benevolencia y a la empatía con los otros. Pero claro, aunque aquí se hallen enfatizados, y un tanto subrayados además por la recurrencia de actores en el papel de buenos o de malos generalmente, es ése un tema difícilmente original. Resulta que rige el ochenta por ciento de los argumentos del mundo, y me quedo corto; con lo cual no sería difícil añadir otras cuatro o doce historias más a la película, y alternarlas como aquí se hace, con la misma justificación estética. O quitarle tres de las que hay. A lo que voy, que a la película la unifica sólo el hecho de que es una película y no varias, y que la novela era así. Las transiciones entre líneas argumentales se cuidan también con el truco de la falsa continuidad: un elemento dee una historia que enlaza con uno de la otra, como se hacía también por ejemplo en Crash, mucho más unificada ésa desde luego, a dónde va a parar, la menciono sólo por clarificar lo diferentes que pueden ser dos películas supuestamente construidas con un principio general, el de la multilinearidad argumental. En este sentido Cloud Atlas está más en la línea deslavazada o voluntariosamente simbólica de Babel. Las conexiones no simbólicas (uno de los amantes gays lee el libro de otro personaje en una línea argumental, el otro es un personaje secundario asesinado muchos años después en otra línea, etc.)  están sólo para conectar, y casi daría igual que no estuviesen. En cuanto al mensaje, es aquí mucho más pernicioso, estéticamente hablando digo, por lo mal realizado que está al quererlo literalizar en el discurso de la clon coreana, o en las alusiones a las reencarnaciones y a Castaneda en la línea argumental ambientada en los setenta. De acuerdo, son los setenta, y crea ambiente Castaneda, pero yo es que oigo Castaneda y echo mano a la Luger más rápido que el músico gay ese. Contribuye, eso sí, a un tono de misticismo barato que no desentona con el primum movens de la película. En el ser humano todo resuena, todo acto significa, todo tiene trascendencia, o casi todo si nos ponemos a hilar, o tiene más o menos trascendencia y todo crea el destino del futuro y de los demás.... OK, pero eso se llama la cultura o la interacción social, o incluso la coexistencia en el planeta, y cuando se intenta hacer un pequeño modelo a escala de esas conexiones, por resaltarlas y explicarlas, lo que se hace es falsificar la auténtica naturaleza de la conexión, que no llega por mentalismo ni por karmas acumulados en los individuos. O sea, que en lo que se refiere al mensaje ético, queda más bien emburrullado, como no podía ser menos, una vez le añadimos los karmas acumulados.

Pero cada una de las historias está bien contada, y tiene su propio interés; una película completa casi más que un corto, por la compresión casi de anuncio que tienen las escenas. Esto se puede hacer en parte por el uso de referencias subliminales casi explícitas a otras películas o historias: Alguien voló sobre el nido del cuco en el caso de los vejetes que escapan del asilo-cárcel, La Isla en el caso de la clona coreana fugada, The Secret Sharer y Rites of Passage, amén de otras historias conradianas en la historia de navegaciones del XIX, etc. etc. Ya casi las hemos visto todas, estas pelis, pero aquí se refilman y recombinan agradablemente, y se alternan manejando bien el suspense, que es en parte para lo que están estas alternancias.

Carne de china. Examinemos esta historia con sus fuerzas y sus debilidades. La historia de los clones nos remite por una parte a Matrix de los Wachowski, cuando los Wachowski no era masculino genérico. Tiene la clona coreana su propio Neo en papel de Morfeo, que la rescata de su MacDonalds de pesadilla y la introduce a la realidad detrás de MacDonalds, otra vez un sistema diabólico que se alimenta de carne humana alienada. Tenemos otra sociedad de rebeldes en lucha, en un mundo que parece una reedición de elementos extraídos de William Gibson (Neuromante, Idoru) y de Blade Runner. El mensaje viene a ser otro de libertad, y hay una Elegida. No queda claro por qué era la Elegida, una clon como las otras. (Y si no es como las otras, aquí hay una petitio principii....). Aún menos razones tiene para convertirse en la Gran Madre Elegida de la otra historia futurista. Pero es todo el montaje de su liberación lo innecesario. A lo que voy es que la solemne emisión del mensaje radiado, la revelación pública del testimonio de la clon es un elemento de interferencia, extraído de otro tipo de argumento o argumentario, pero que no tiene ni lógica ni justificación en el mundo que se nos retrata en la película. Además, la clon es a la vez ignorante y denunciante, cosa que no acaba de clarificar la situación. Y se termina de estropear la cuestión cuando la clon china recita monótonamente un mensaje que no sabemos si es un dictado que ha memorizado, o si es la conclusión improbable de sus propias reflexiones, ayudadas por un videotutorial budista.  En fin, que aquí unos clichés se apoyan sobre otros, con un resultado más doloroso que convincente; de los de pasar el rato mientras llega el la otra línea argumental.

Y con ello no quiero decir que esta historia no tenga su punto de interés, en la manera de presentarla. Es significativa la elección de una mujer oriental, "china" digamos, para presentar esta historia de la victimización eterna de los débiles y oprimidos. Estos días denuncian por allí las hamburguesas con carne de caballo; no hemos llegado todavía a la carne de coreana, y no creo que se ande por allí a medida que progrese la Macdonaldización de la Sociedad; más bien lo que se hará en el futuro es generar carne sintética o genéticamente modificada para que crezca sin bicho; comeremos enormes... tumores, por así decirlo, me parece que es lo que nos espera.

Pero esta historia oriental se refiere tanto al pasado como al futuro, en su elección de la imagen de las chinas sacrificadas. Leyendo estos días el libro de Darwin sobre selección sexual, se me han aclarado algo las ideas sobre las actitudes hacia la mujer en las sociedades orientales. Es sabido que una niña es ahí malas noticias; sólo quieren tener niños, y de hecho lo van consiguiendo con los escáneres prenatales, análisis y abortos. En China hay unos 120 niños por 100 niñas, una desproporción sexual tremenda, y que se ha descrito como una "generocidio". El desprecio tradicional hacia las mujeres se está convirtiendo en una reducción deliberada y planificada (espontáneamente planificada, digo) de sus números, resultado de millones de decisiones individuales que llevan a que el único hijo sea varón, o que dos de tres sean varones.  Es la historia de El primer siglo despues de Béatrice, pero que se va haciendo realidad.

Las sociedades tradicionales desarrollan sus propios métodos de control de la población. De esto habló algo Malthus. Y Gustavo Bueno, en su conferencia sobre la guerra, señala en términos malthusianos que en última instancia la población crece más que los recursos; y que un recurso frente a esto es la guerra, y otro es el canibalismo. El canibalismo se llevaba bastante en la Prehistoria, más quizá de lo que pensamos hoy. En la Antigüedad, fueron las guerras, razzias, masacres y esclavizamiento; para hacerse una idea hay que leer a Polibio, que describe la situación antes del surgimiento de los grandes imperios. En Roma, la esclavitud masiva, claro. En el Cristianismo medieval, aun con su dosis generosa de guerras y de esclavitud, la innovación antibeibi fue la religión: los millones y millones de personas destinados a una vida sin relaciones sexuales (o sin peligrosas relaciones heterosexuales) en conventos y monasterios, todo acompañado claro con el desarrollo concomitante de una ideología de la castidad y de lo pecaminoso del sexo. 

En Oriente no había tanto monasterio, pero sí había una institución no muy reconocida ni estudiada todavía: la del infanticidio femenino.  Nacían menos niñas que niños, o nacían menos niñas vivas que niños, o se morían pronto.... la cosa va por temporadas y costumbres. Junto a esta costumbre, se desarrolla una ideología de menosprecio a la mujer, y de subordinación de éstas a los hombres, un machismo atroz que nada tiene que envidiar al de los árabes, pero nada nada.  Hoy en día, el aborto es su gran expresión, y la gran solución al problema malthusiano de China; en concreto, el aborto de niñas.  ¿Me pregunto si los Wachowski, con su gran matadero cárnico de chinas en Cloud Atlas, son conscientes de que estaban presentando una alegoría del aborto industrializado?  Yo diría que menos que a medias. Ahora que habrá que ver cómo se acumula en el karma de la raza, y de la humanidad entera, esto del aborto selectivo de mujeres.


También sé que no es un crimen igual de grave matar a una camarera china que a una feta, no hace falta que me lo digan, aunque son ambas cosas que no gusta pensarlas. Los mataderos de animales, o los establos y gallineros industriales, son ya de por sí bastante desagradables de contemplar de frente. Pero hay además una industria de sacrificios humanos para apuntalar el sistema o mantener un aporte calórico viable, o una organización social si no totalmente deseable sí deseada. La Humanidad también vive de carne humana, es una de sus verdades más desagradables, y la miramos indirectamente, o decimos que es otra cosa lo que decimos. Y sea como sea, lo que vemos en la pantalla también depende en última instancia de quién mire.






Mis papers en PhilPapers

Van apareciendo algunos artículos míos recopilados, como "Works by Landa, José Angel García", en PhilPapers, un repositorio de publicaciones filosóficas publicado por la Universidad de Londres (Institute of Philosophy) y por la Australian National University (Center for Consciousness Studies).

Aquí el enlace a mi página de PhilPapers.

A estas fechas, aparecen diez artículos. También tienen página de Facebook.

sábado, 23 de febrero de 2013

John Searle on the Philosophy of Language




The truth about dishonesty

Dan Ariely sobre el autoengaño, las autojustificaciones, la ceguera selectiva... y la corrupción cotidiana.








Un viejo corazón

Un viejo corazón by JoseAngelGarciaLanda
Un viejo corazón, a photo by JoseAngelGarciaLanda on Flickr.

Las Biblias de Obama

Aquí en Debates en Libertad, un debate sobre la Revolución Americana y los orígenes del sistema democrático americano. Entre ellos, el puritanismo y la tradición de respeto a los dissenters. A cuenta de la tradición de enraizamiento religioso de la democracia americana, unos dicen que está cambiando; César Vidal recuerda que Obama ha jurado con dos biblias. Como quien dice, ojo, no ya una biblia, sino dos.obama black white
A lo cual quiero comentar que dos biblias valen menos que una. Obama empezó su primer mandato jurando o perjurando por la biblia de Martin Luther King, personaje histórico al que toma o coopta como avalista o role model.  Sobre Obama, el primer presidente negro, habría que decir que es curioso como icono. La comunidad negra evidentemente lo ha acogido bien, pero es ésa una de sus muchas contradicciones. Podría considerarse incluso gravemente lesivo para la dignidad de los afro-americanos el que el primer presidente negro elegido en USA no desciende de dicha comunidad.  Su padre era africano, claro (aquí la curiosa historia de Barack Obama senior). Y eso podría considerarse un caso de irse a buscar negros a Africa, como si aquí en América hubiera pocos—sin necesidad de llegar a la reflexión todavía más desagradable para la comunidad negra de que entre sus idealizados africanos (esa idealización quizá haya jugado a favor de Obama, de hecho) no sólo estaban los negros que no fueron vendidos como esclavos, sino también (o heart of darkness) los negros esclavistas, o negros negreros. Lo que USA no ha tenido aún, ni quizá tenga en mucho tiempo, es un presidente descendiente de esclavos. Para eso está Michelle, y ese es su rol crucial en la Casa Blanca, o bueno, la casa Caucasiana, o como se llame. 

A lo que iba. Las Biblias de Obama. En su segundo mandato, y más fiel a su naturaleza doble o dúplice, quizá invocando el favor de los blancos, o de su media alma blanca, Obama ha jurado con dos biblias. La de Martin Luther King, y la de Lincoln. Éste último es, claro, el gran icono blanco de los negros, el presidente que liberó a los esclavos por decreto, un episodio crucial narrado en detalle en la última película de Steven Spielberg. Hasta ahí todo bien; y Lincoln también es un buen modelo de política posibilista, al igual que la película de Spielberg es (precisamente por mostrarlo así) un buen modelo de película pro-Obama.

Pero como digo, dos biblias son peor que una, desde el punto de vista religioso. Ya está bastante mal personalizar la biblia, la biblia de Luther King— ya no es sólo la Biblia de Dios, sino la biblia de ese hombre ante todo. Y dos biblias—ya queda Dios relegado como el espíritu santo de esta trinidad. Lo que hace Obama, en un movimiento magistral (y posibilista, y oportunista, e infinitamente inteligente en el contexto del simbolismo americano) es continuar la tradición de democracia protestante puritana, y a la vez orientarla en la dirección que desea; primero, supeditando ese fundamento divino y poniendo en primer plano la tradición de liderazgo democrático y el presidencialismo. El valor icónico de los líderes, y de los presidentes, es aquí primordial, y Obama está en ese juego mediático. Pero en términos de pensamiento político, su maniobra bíblica es un hermanamiento simbólico de las dos comunidades, blanca y negra, a la vez que las mantiene como tradiciones distintas. Diferenciadas, pero en última instancia basadas en la democracia protestante original. El énfasis cambia significativamente, y la religión queda desenfatizada, a la vez que se mantiene una continuidad con la tradición de las instituciones. Un artista, Obama, o un producto bien acabado.

En el debate enlazado arriba, por cierto, César Vidal niega que Jefferson tuviese hijos con su esclava Sally Hemings (las películas sobre el tema vale la pena verlas, por ej. Sally Hemings: An American Scandal). Vidal se atiene a la versión de la fundación Jefferson, que no es sorprendente que piensen así, pero la mayoría de los historiadores interpretan los datos de otra manera. Jefferson tuvo hijos con su esclava; más gravemente, era a la vez demócrata, liberal, y esclavista, siendo así un ejemplo paradigmático de las contradicciones fundacionales de los Estados Unidos, contradicciones que en cierto modo se encarnan en su actual presidente. Dice Toni Morrison sobre esas contradicciones que el carácter distintivo de los EE.UU. desde su fundación es la conjunción de las proclamas de libertad superpuestas a la perpetuación de la subyugación en el corazón mismo del experimento democrático. Son "una nación de gentes que decidieron que su visión del mundo combinaría planes de libertad individual y mecanismos de opresión racista destructiva". Esas contradicciones son comentario suficiente sobre las "verdades evidentes de por sí" a las que apelaban los signatarios de la Declaración de Independencia, y en nuestros debatidores de Libertad Digital. Obama está por la superación de estas contradicciones—se lo exige su propio ser—pero a la vez es un producto de ellas, de modo paradójico, y lleva a sus espaldas no sólo su propia identidad sino mucho simbolismo relativo a la identidad política norteamericana. Es un buen administrador de símbolos, parece—aunque la deuda americana sigue creciendo, y eso pesa más que dos biblias juntas.


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