domingo, 8 de julio de 2012

Burbuja inmobiliaria

El último capítulo de Consilience, de E. O. Wilson, plantea el dilema del desarrollo sostenible, frente a la superpoblación, a la explosión tecnológica y al agotamiento de los recursos. No invita al optimismo, pues a pesar de los avances en nuevas tecnologías, la relación de los humanos con el medio ambiente se plantea como un castillo de cartas en crecimiento constante.... o como una acumulación inestable de prótesis tecnológicas:



Los mejores esfuerzos de la Humanidad incluirán todo tipo de soluciones tecnológicas que el ingenio pueda hallar para un planeta superpoblado. Ya están sobre la mesa incontables planes de reserva. La conversión de petróleo nitrogenasado en alimentos es una posibilidad remota. Las granjas de algas en aguas marinas poco profundas son otra. (...) Muchos planes similares se intentarán a medida que ascienda la demanda, y unos pocos tendrán éxito. Serán impulsados por el capital de riesgo y por subvenciones gubernamentales en la economía global de libre mercado. Cada avance reducirá el riesgo de una calamidad económica a corto plazo.
    Pero cuidado. Cada avance también es una prótesis, un artefacto artifical que depende de conocimientos expertos avanzados y de una gestión intensa y continuada. Al sustituir por él parte del entorno natural de la tierra, añade su propio riesgo a largo plazo. La historia humana puede verse a través de la lente de la ecología como la acumulación de prótesis medioambientales. A medida que se espesan y se traban entre sí estos procedimientos artificiales, aumentan la capacidad de transporte del planeta. Los seres humanos, siendo organimos típicos en su respuesta reproductiva, se expanden hasta llenar la capacidad añadida. La espiral continúa. el entorno, cada vez más lleno de tubos y andamios para atender las nuevas demandas, se va volviendo cada vez más frágil. Require una atención constante por parte de una tecnología cada vez más avanzada. (Consilience 289).

Por desgracia, en un entorno global trabado de esta manera, cada catástrofe (económica, financiera, medioambiental, bélica, etc.) resulta ser un golpe de consecuencias cada vez más graves sobre una estructura cada vez más inestable. Los golpes que lleguen en el futuro tendrán consecuencias todavía más terribles que los del pasado. Ayer me tomaba unas cañas con unas amigas en el centro de Zaragoza, y de repente, mirando alrededor, me vino la iluminación—"Todo esto, calles y casas, todo lo que nos rodea, todo lo que nos parece tan normal cada día... es una burbuja inmobiliaria". Y estallará.

















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